Los martes, los niños de la escuela infantil de Burela comparten juegos con el labrador retriever, que les motiva a caminar, hablar y expresar sus emocioones
13 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Blues no es un labrador retriever cualquiera. Asiste a clase y comparte aula y juegos con alumnos de 2 a 3 años en una de las escuelas infantiles con más matrícula de Galicia (117 niños). En la de Burela, cada martes es una fiesta. El alumno aventajado de cuatro patas es compañero de juegos y, sin saberlo, es el que los motiva a expresarse. La directora del centro, Bibiana Sotelo, reconoce que desde que el perro comenzó en febrero a visitar la escuela han notado avances en el desarrollo de algunos pequeños. «Compartir juegos con él ha servido para que algún niño al que le costaba relacionarse cambiara de actitud. También percibimos mejoras en el lenguaje y en el movimiento. El día que viene Blues está todo el centro emocionado».
La escuela infantil de Burela participa en un proyecto de colaboración de actividades asistidas con animales con la asociación Entrecanes y el Centro Veterinario A Marosa. Es un complemento a su formación. Además de compartir actos lúdicos o ejercicios de psicomotricidad, los niños aprenden normas básicas para poder comunicarse y establecer contacto con un perro, como por ejemplo pedir siempre permiso al dueño de un can antes de tocarlo. La de Burela es la primera escuela infantil gallega que participa en este proyecto.
Entre febrero y el mes de julio, la totalidad de los sesenta niños que tienen entre dos y tres años tendrán ocasión de participar en las sesiones de juegos semanales de dos horas con su adorada mascota. Con él comparten la pelota, caricias, canciones, escenifican algún cuento... Si en algún lugar del mundo hay ternura y cariño verdadero no es fuera de las cuatro paredes de esta aula. Alejandro, Yani, Xavi, Cristina... no tienen más ojos que para Blues. Capitaliza toda su atención.
Sin saberlo, están aprendiendo a respetar a un ser vivo. Maduran compartiendo emociones y momentos de su vida con un labrador retriever de tres años glotón y cariñoso.
El primer día
«El primer día que llegó impresionó a alguno de los niños, pero ahora su visita es la más esperada de la semana». Somos testigos de lo que afirma la directora. Solo tenemos que fijarnos en Iria, una niña que no ha cumplido el año y que todavía no sabe caminar. En cuanto divisa al perro en el pasillo no puede contenerse. Comienza a chillar para que la bajen de la cuna, y en cuanto toca el suelo no es capaz de separarse de Blues. Todo son abrazos, besos... Y Blues, paciente, se deja querer.
Tachira y Bea, del colectivo Entrecanes, participaron ayer con personal de la escuela en las actividades. «El perro es un motivador para que los niños aprendan a hacer cosas y para reforzar su aprendizaje. Les enseñamos a todos los niños a trabajar sus emociones», aclara Tachira, profesional de una asociación que ha logrado uno de los diez premios Jóvenes Emprendedores Sociales, de la Universidad Europea de Madrid, Sylvan Laureate Foundation e International Youth Foundation.