La presencia de la Royal Navy durante varios días en la ría dejaba en la ciudad un cantidad aproximada a las doscientas mil pesetas
05 mar 2013 . Actualizado a las 06:00 h.El sábado 6 de marzo de 1880 entraba en la ría de Vigo una flota de la Royal Navy. Las cuatro fragatas británicas portaban un gran número de marineros, que en Vigo eran vistos como una importante fuente de ingresos. Una estancia de aproximadamente una semana en la ría, dejaba en la ciudad unas doscientas mil pesetas, según el cálculo publicado el 15 de marzo de ese mismo años en El viajero ilustrado. La cifra es contundente: las tripulaciones de aquellas cuatro fragatas consumían al día unas ocho mil libras de carne.
Las distintas escuadras británicas eran habituales en las rías de Vigo y Arousa. Dos veces al año, por lo menos, asomaban las proas de sus buques para realizar dentro de la ría ejercicios militares. Tanto el antiguo cementerio de Picacho como, a partir de 1898, el cementerio de Pereiró, acogieron los cadáveres de muchos marinos fallecidos durante sus estancias en Galicia. En la propia visita de marzo de 1880, un joven marinero católico era enterrado en Picacho tras fallecer a bordo víctima de un accidente.
El mar, fuente económica
El mar era entonces la gran fuente de ingresos de la ciudad. Aquel mismo mes de marzo, una compañía francesa, que contaba con cuarenta vapores destinados al servicio de correos entre Francia y la costa occidental de África, solicitaba al Gobierno de España la construcción de unos dock, que era como le llamaban entonces a los muelles. Los franceses querían hacer escalas en Vigo, pero a cambio de que esos muelles fueran de uso exclusivo y con una concesión por 99 años. España no accedió a la proposición.
No obstante, el puerto vigués, que entonces se ceñía a un muelle de madera, ubicado frente a donde hoy en día se levanta el edificio de la Xunta de Galicia y al fondeo en la propia ría, recibía un intenso tráfico internacional. Y aún no se había creado la Junta de Obras del Puerto, antecedente de la Autoridad Portuaria.
En marzo de 1880, la Dirección General de Correos y Telégrafos disponía que las expediciones de los buques correo ingleses de la línea del Brasil y Río de la Plata se efectuaran durante el año 1880 en unas fechas determinadas. Los barcos procedentes de Southampton podrían hacer escala en Vigo los días 9, 24 y 30 de cada mes.
La Royal Mail Steam Packet Company, conocida en Vigo como la Mala Real Inglesa, mantenía abierta la ruta hacia Buenos Aires, con precios para los viajeros que oscilaban entre las mil y las 3.130 pesetas, dependiendo de la clase de camarote elegida.
Pero también partían barcos con destino a las Filipinas españolas. Barcos, como los vapores de Araucana y Cordillera, pertenecientes a la Compañía de Navegación de Vapor al Pacífico. Antonio López de Neira, que sería alcalde años después, representaba a esta compañía. Cuatro meses más tarde, de Vigo partirían los vapores-correo con destino a Manila.
El alcalde de Vigo entonces era Manuel Bárcena, también consignatario de buques e incluso exportador de ganado. A mediados de aquel mes de marzo, Barcena y Hermano exportaba 140 bueyes con destino a Londres en el vapor Lisbon. Todos estos consignatarios, con el apoyo del comercio local, lograron que Aduanas permitiera pasar cuarentenas a las mercancías de los barcos con patente sucia, pero no al propio buque, ahorrándose cuantiosos gastos en las operaciones comerciales.
eran otros tiempos marzo 1880