El paseo destrozó una zona de dunas y ahora se quiere enmendar el error
03 mar 2013 . Actualizado a las 06:00 h.Una línea generacional separó en 1970 a la población viguesa. A un lado quedaron aquellas personas que se tiraban a rebolos por las dunas de Samil y al otro las que caminaron por su paseo marítimo. Las primeras jugaron con las nécoras en las rocas y las segundas conocieron una playa ecológicamente agonizante, hoy casi muerta.
En tiempos de nuestros abuelos a nadie se le ocurría ir a bañarse a Samil. Quedaba lejos, mal comunicada y existían en Vigo una gran variedad de fantásticas playas urbanas donde bañarse y pescar en Picacho, Coia, San Sebastián, Guixar y finalmente el Areal, la última de ellas que sucumbió a los rellenos en 1916.
Fue a partir de entonces cuando Samil, a falta de otra más cercana, se convirtió gradualmente en la playa de referencia para vigueses y visitantes. Con el aumento de la afluencia humana llegaron las transformaciones, el tranvía, los chabolets, esos híbridos arquitectónicos del entorno playero mezcla de chabola y chalé y finalmente su urbanización y pérdida de valores naturales que hoy llamaríamos humanización.
Aquellos visionarios
El momento crucial, cuando definitivamente la naturaleza pierde la batalla frente al progreso, se produce en tiempos de Portanet y Ramilo, cuando proyectan y ejecutan el paseo marítimo para, de paso, «acabar con la anarquía que reina en la zona de Samil».
Ya entonces algunas voces se opusieron al proyecto, como Valentín Paz-Andrade o Eduardo Blanco Amor, junto a bastantes ciudadanos que, con clarividente buen criterio, aseguraban que ese muro destruiría la playa, como el tiempo, la ciencia, los ecologistas y, sobre todo, el mar demostraron a los pocos años.
Con la agilidad que le caracteriza, solamente 30 años después, es el mismo Concello de Vigo quien empieza a plantearse que, quizás, aquello fue un grave error y no estaría mal pensar seriamente en recuperar la playa por la vía lógica de retirar el muro y su paseo.
La historia de la recuperación de la playa de Samil se parece mucho al baile de la yenka en versión litoral. En justicia, reconozcamos que fueron el alcalde Lois Castrillo junto a Carlos Príncipe, los primeros responsables municipales que cometieron, en el año 2001, la hasta entonces considerada herejía de plantear directamente la demolición del paseo marítimo. La idea no cuajó, porque una cosa es decir las cosas y otra hacerlas, y cuatro años después Corina Porro incluía de nuevo la demolición en el proyecto del Plan Xeral.
La idea de fondo es buena, y sensata, retirando el muro 30 metros y desmantelando todos los equipamientos deportivos y restaurantes que ocupan actualmente el espacio de arena para permitir su regeneración, aunque, eso si, unos metros más atrás tendremos todos los chiringuitos y construcciones de ocio imaginables e incluso algunos inimaginables también.
La intención es recuperar superficie de arenal, las dunas y con ellas su fauna y su flora asociadas, aunque ese segundo objetivo difícilmente podrá ser compatible con un incremento exponencial de los bañistas y ser un tostadero humano estival. En cualquier caso, con muchos matices a lo largo de los años, el proyecto seguía flotando por los documentos y los despachos.
Últimas propuestas
Y en esas estábamos hasta la llegada de Abel Caballero, que plantea ahora, por tercera vez, la recuperación de Samil que ya anunció en el 2008 y en el 2011. El problema es que desde su primer anuncio pasaron cosas relevantes: la burbuja inmobiliaria hizo plop. Aquel bosque de grúas se quedó en pradera de losetas y con el estallido se esfumó el interés en desarrollar los ocho jugosos ámbitos urbanísticos en el entorno de la playa que contribuirían a financiar el proyecto.
Quizás por eso la novedad del nuevo anuncio consiste en pasar de pedir colaboración a exigir que sea el Gobierno quien lo financie. Podría sonar la flauta, pero conociendo al ministro de lo ambiental y analizando la nueva Ley de Costas su apuesta apunta claramente a urbanizar más y recuperar menos.