Luis Baena es uno de los quince voluntarios de Cruz Roja que cada semana atiende a las personas sin hogar que pernoctan en la calle
27 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Hace ahora un año, Luis Baena estaba en paro y a la vez quería sentirse activo. Por esta razón se hizo voluntario en Cruz Roja. «Siempre me gustó ayudar a la gente -señala este pontevedrés de 28 años, que tiene un ciclo superior de Química-. Y entonces tenía mucho tiempo libre, pero no soy de quedarme en casa esperando una llamada que seguramente no llegará».
Tras acceder a la oenegé, al primer programa que le sugirieron por su perfil fue el de prevención de conductas violentas dirigido a adolescentes, en el que continúa «a pesar de que al principio no lo veía como lo mío, pero se me dio bien y me gustó». También entró en las actividades de animación sociocultural, y en el programa quizás más duro, el de atención a las personas sin hogar, que la entidad puso en marcha el pasado año y que desde entonces ha atendido a 145 usuarios. «Son programas muy diferentes; los adolescentes, cada día que pasas con ellos es una experiencia nueva -dice-. Pero el de sin techo es un poco el que me esperaba cuando entré en Cruz Roja, atención muy directa, con gente necesitada y que te lo agradece muchísimo. Tú das, pero ellos a ti también»
Cada jueves, él y los otros voluntarios hacen a partir de las ocho de la tarde una ruta circular por la ciudad para visitar a los indigentes que duermen en la calle, a fin de ofrecerles no solo una bebida caliente y bollería o kits de pernocta, sino también atención y conversación. Más o menos, suelen encontrar una decena de personas por el camino y no terminan hasta medianoche. «Al principio había alguno reticente, e íbamos despacio, más que nada para hacer una observación de cuántos eran y dónde dormían, pero poco a poco los usuarios fueron cogiendo confianza con nosotros, se abrían totalmente».
Añade que «impresionan muchas cosas» en esta experiencia. «Para empezar, las condiciones en las que vive la gente que está en la calle, con muy poca higiene, muy pocas relaciones sociales... Pero algo que me impactó mucho fue cómo nos aceptaron. Les das cariño y recibes cariño de ellos, les gusta que hables con ellos». Si algo le sorprendió también fueron los refugios que suelen ocupar los sintecho: «Te los puedes encontrar desde debajo de un puente hasta en un agujero... Al raso, en medio de la calle, no sé, impresiona bastante los sitios donde puede dormir una persona». Aunque los lugares son muy dispersos, la mayor parte se concentran en la zona del pabellón municipal.
Pero el programa es mucho más. Además de asistirles en la calle, una vez que se contacta con estas personas, Cruz Roja les ayuda en sus gestiones para la vida diaria. Les ofrece desde kits de higiene a ayuda para tramitar el carné de identidad. Los voluntarios hacen este acompañamiento por la semana «para recoger medicinas, el DNI, para todo lo que necesiten y podamos ayudarles». Luis ahora tiene trabajo, pero no deja el voluntariado, que le suele ocupar seis horas semanales, seis horas «que relajan y te llenan».
El programa para sintecho atendió ya a 145 personas en el último año en Pontevedra
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