«Soy un firme defensor de la enseñanza pública y su calidad»

Este fin de semana se ha estrenado como asesor juvenil de la Embajada de Estados Unidos


pontevedra / la voz

Alberto Escobar Rivas tiene 19 años y ha sido reconocido por el Ministerio de Educación como uno de los estudiantes más brillantes de España al otorgarle el Premio Nacional de Bachillerato. Este joven pontevedrés, con una nota media de 9,75, estudió en los colegios Crespo Rivas y Campolongo y en el IES Sánchez Cantón. Es un gran defensor de la enseñanza pública, en la actualidad cursa primero de Derecho en la Universidad de Santiago y este fin de semana se estrenó como asesor de la Embajada de Estados Unidos en España para temas de juventud, fruto de su experiencia americana como becario de las Fundaciones Barrié y Amancio Ortega.

-En España hay 600.000 bachilleres. ¿Qué se siente al ser uno de los más listos?

-Todavía no me lo creo. No me siento diferente, aunque es muy reconfortante que te reconozcan tu trabajo. Lo mejor del premio son las muestras de cariño y alegría de mi familia y amigos.

-Eligió Humanidades. ¿Se le dan mejor las letras?

-Desde pequeñito he sido un lector voraz y siempre me ha gustado escribir, por lo que se podría decir que soy más «de letras». Aunque me apasionaban, las matemáticas siempre fueron mi punto más débil. Sin embargo, estoy en contra de esa clasificación de los estudiantes. La cultura no es solo humanística, sino también científica, y todos deberíamos interesarnos por el arte y la física, por la literatura y la biología...

-¿Tuvo presiones para ir por ciencias?

-A la hora de decidirme por el itinerario de letras, sí tuve algunas presiones para que lo reconsiderase. Amigos y profesores me decían, medio en broma, medio en serio, que era un «desperdicio» que fuese por letras. Existe la absurda idea de que todos los buenos estudiantes deben decantarse hacia una carrera de ciencias, despreciando las vocaciones o los intereses de los alumnos. Creo que es fundamental reivindicar el papel de la filosofía, el derecho, la historia y otras «ciencias del espíritu» en la formación de una mentalidad crítica y democrática. Mis padres son arquitectos y, aunque a ellos les debo mi interés por la arquitectura y el urbanismo, nunca he considerado seriamente seguir sus pasos. Me mostraron el abanico de posibilidades de estudio, apoyando incondicionalmente la decisión que yo adoptase.

-¿Para ser buen estudiante, hay que renunciar a muchas cosas?

-Creo que hay tiempo para ir a clase, quedar con los amigos, estudiar, salir de noche... Es cuestión de organizarse. Pocas veces he renunciado a una tarde con mis amigos por quedarme en casa estudiando. Tengo muy claras mis prioridades, y procuro que mi vida gire en torno a mi familia y amigos. Cuando verdaderamente lo necesitas, son ellos los que están ahí, y no premios y diplomas, que al final no son más que un trozo de papel. Mantengo mis grandes aficiones, la lectura, la natación, el cine y el debate de competición.

-¿Sabe lo que es un suspenso?

-Suspendí algún examen de Matemáticas en Estados Unidos, cuando hice primero de Bachillerato en Pittsburgh becado por las fundaciones Barrié y Amancio Ortega. Lejos de desanimarme, fue un toque de atención para esforzarme más y superarme.

-¿Alguna vez sus compañeros le han hecho sentirse como un bicho raro por ser tan listo?

-Tengo la inmensa suerte de contar con unos amigos y unos compañeros de clase estupendos, que jamás me han hecho sentir fuera de lugar, y a su apoyo le debo en parte el Premio Nacional de Bachillerato.

-Siempre ha estudiado en colegios públicos ¿Le preocupan los recortes en Educación?

-Soy un firme defensor de la enseñanza pública. La mayoría de los galardonados con el Premio Nacional de Bachillerato han estudiado en centros públicos, lo que avala su calidad. Es un campo que hay que preservar incluso en estos momentos de crisis, puesto que la inversión en conocimiento es, sin duda, la que genera mayores plusvalías a la colectividad y la que permite cultivar el talento que nos ayudará a progresar como país.

-¿Siempre quiso estudiar Derecho o barajó otras opciones?

-Nunca tuve una vocación clara hasta empezar esta carrera. Me matriculé en Derecho movido por el deseo de ayudar a construir un mundo más justo y equitativo. Siempre he tenido un sentido innato de la justicia muy fuerte que más de una vez me ha metido en problemas. Barajé también estudiar Historia del Arte o Filología Inglesa.

-¿Cómo se ve dentro cuatro o cinco años ya graduado?

-No tengo ni idea. Me cuesta pensar a tan largo plazo. Supongo que antes de preparar una oposición o asentarme en un puesto de trabajo aquí en Galicia me gustaría viajar por el mundo una temporada.

-Muchos jóvenes se están buscando la vida en el extranjero. ¿Haría lo mismo?

-El momento que estamos pasando es muy duro, pero escuchando a mis abuelas me doy cuenta de que hemos salido de situaciones mucho peores. Amo a Galicia y espero devolverle parte de lo que esta tierra me ha dado. Pero también soy consciente, porque he tenido el privilegio de disfrutarlas, que las experiencias en el extranjero son enormemente enriquecedoras.

-¿Qué le reportó aquella experiencia americana?

-Fue una oportunidad única de pasar un año académico en Estados Unidos. Hice amigos para toda la vida. Aprendí un poco de inglés y mucho de la vida. Mis horizontes culturales se ampliaron y comprendí mejor a los estadounidenses.

-Y ahora es asesor la embajada de Estados Unidos.

-Estoy muy ilusionado. Veinticinco jóvenes españoles formamos el Embassy Youth Council, órgano asesor de la Embajada norteamericana en Madrid en temas de política cultural y social y que toquen de cerca a la juventud española. Los benjamines somos tres chicas de 18 años y yo, de 19.

-¿Son muy diferentes los jóvenes españoles y americanos?

-Tenemos similares inquietudes e intereses. Ellos son más competitivos y tienen un sentido de la comunidad muy fuerte. En Estados Unidos es habitual que los jóvenes compaginen estudios y trabajo. Las tasas de la universidad son prohibitivas y muy pocos se pueden acceder si no es con una beca.

-¿Cómo fue la primera reunión del consejo en la embajada?

-Tuvimos una mesa redonda sobre la juventud en España, donde hablamos de educación, la elevada tasa de paro y la desafección con las instituciones políticas. Luego hubo un almuerzo de trabajo con el embajador, Alan Solomont, donde hablamos de las relaciones entre nuestros países y los retos que afronta la juventud española. Por la tarde, hablamos por skype con funcionarios del Departamento de Estado en Washington y concretamos el plan de acción del Consejo, que se centrará en la educación y voluntariado.

«Pocas veces he renunciado a salir con los amigos por estudiar»

«Es absurdo que el buen estudiante tenga que ir por ciencias»

«Los jóvenes americanos y españoles tienen intereses similares»

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