Un apertura ágil y de lujo

nino soto PONTEVEDRA / LA VOZ

FIRMAS

Alberto Silla abandonó el fútbol a los 12 años y, después de probarlo, se enganchó al rugbi. En enero fue convocado con la selección española sub-18

24 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Creció con el fútbol, como la gran mayoría de los niños. No fue una elección por defecto. Alberto Silla se enfundó la camiseta durante varias temporadas del equipo de A Seca, pero a los 12 años, se cansó «de los entrenadores que gritaban» y colgó su camiseta de portero. «Acabé aburriéndome del fútbol y de ellos», precisa el apertura del Pontevedra Rugby Club cadete.

Cambió los tacos de las botas de fútbol por los de rugbi, en parte, «porque era un deporte que me llamaba la atención cuando veía a mi padre mirarlo por la televisión», relata Silla, que el pasado mes acudió a una concentración con la selección española sub-18. «Me interesé por este deporte, hice un par de llamadas y comencé a entrenar» con el Mareantes.

Confiesa que su relación con el arte de los placajes «fue amor a primera vista», una pasión que se convirtió en adicción. «Desde el primer día, ya no dejé de entrenar. Me volví un adicto al rugbi», manifiesta.

Tras un fugaz paso por el Mareantes, Alberto Silla luce desde entonces la camiseta del Pontevedra Rugby Club, un club que nació del seno del conjunto blanquinegro. «Tenía amigos que se fueron al Pontevedra y yo decidí irme con ellos. Además, me convencía más su proyecto de cantera», precisa Alberto, seguidor acérrimo de Jonny Wilkinson, un apertura inglés ex del Newcastle Falcons que ahora defiende los colores del Toulon francés.

Aunque recuerda que los inicios en los campos de tierra «eran muy duros» y «estaba un poco perdido» al desconocer las reglas, «pronto me adapté a las nuevas normas gracias a la ayuda de los compañeros».

Esa adaptación fue prácticamente innata. La progresión de Alberto Silla en el mundo de los ensayos y las melés está siendo meteórica. Pronto fue llamado para jugar con la selección gallega de rugbi de categorías inferiores -es su capitán-, y este año, recibió la invitación de la Española sub-18. No fue una convocatoria más. Era la primera que lideraba el nuevo seleccionador nacional, Bryce Bevin. «Fue la leche», recuerda el apertura que luce el 10 a su espalda. «Había muchísimo nivel», admite.

Como uno de los cerebros del cuadro lerezano, Alberto cumple una de las funciones más importantes dentro del campo: organizar y distribuir el juego de ataque. Afirma que el rugbi no es violento, sino que se trata de un deporte de evasión, y al tener la misión de interceptar al contrario «claro que hay contacto».

Más allá del balón ovalado, Alberto Silla también transforma en las aulas. Estudia 2º de Bachillerato de Ciencias y tiene una media de 8,5. Una de sus mayores pasiones, al margen del rugbi, es la Medicina. Consciente de que es sumamente complicado vivir de las melés y los ensayos, Alberto pretende estudiar Medicina, pero «quiero jugar lo máximo que pueda», sentencia.