El loro de Don Perfecto recibió los mismos honores que en su muerte real en 1913
17 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.¡Morreu Ravachol! ¡Ai, ai, ai, Ravacholiño! La trágica noticia del óbito del loro corrió a mediodía de ayer como la pólvora y enseguida llegaron los lamentos. Desde que irrumpió en el entroido el pasado lunes, se dedicó a denunciar las tropelías «dunha tropa de banqueiros, ladróns e ríns» y murió en la más absoluta ruina, víctima de las preferentes y de la grave crisis económica. Después de perder todos sus ahorros y con tanto recorte, no tenía ni para pipas.
Este año se cumplía un siglo de la muerte real del auténtico «plumáceo» que alborotó e incordió a la parroquia de clientes que entraban en la famosa botica de Don Perfecto Feijoo y a los relevantes tertulianos que la frecuentaban. Ante semejante efemérides, el homenaje al que cien años después se ha convertido en símbolo del entroido pontevedrés tenía que ser esta vez especial. Y lo fue.
Una recreación de la velada infausta que en honor del finado animal se celebró en 1913 en el Circo Teatro se revivió ayer en A Ferrería, una vez concluido el desfile de la comitiva fúnebre por el centro histórico.
Pero el duelo comenzó muchas horas antes. Los tertulianos de la botica de Feijoo, recreada en la plaza de la Peregrina y adornada con crespones negros por defunción, daban cuenta por la mañana del luctuoso final del loro. Allí comenzaron a sucederse las muestras de pesar protagonizadas por elegantes damas y caballeros vestidos de época y de riguroso luto, que animaron a muchos ciudadanos a sumarse al duelo y dejar su firma en el libro de condolencias.
Otros muchos se sumaron por la tarde al velatorio instalado en la praza da Verdura, entre ellos los realmente afectados por las preferentes, que después acompañaron al loro hasta su ultima morada.
Cortejo fúnebre
En el posterior cortejo fúnebre participó el papa móvil y las comparsas Os Parrulos, A Esmorga, Os Solfamidas, Las Flores del Carnaval, Vamos a todo y Os da Caña, precedidas por demonios y calaberas y seguidas por centenares de viudas y afligidos deudos que acompañaron del loro por las calles San Román, paseo de Antonio Odriozola, Soportales, Manuel Quiroga, Princesa, Isabel II, Real, Sarmiento y Pasantería hasta llegar a la plaza de A Ferrería, donde se celebro la Infausta Velada de honras fúnebres conmemorativa del centenario de Ravachol.
Allí fue incinerado el enorme loro, de dos metros de alto y más de veinte mil plumas, confeccionado por la Asociación Ricriativa de Xeve. Su volatilización entre las llamas, que fue seguida por miles de personas entre sollozos festeiros, dio paso a un gran espectáculo necrológico.
Se leyó el Introido, rememoración de la elegía dedicada al finado Ravachol por un grupo de entusiastas cuando hace un siglo se produjo su muerte real. Y el grupo Celme interpretó la Danza da morte, a la que siguieron otras actuaciones de Pola Vila y Val do Lérez.
La apoteosis final llegó con un concierto de Roi Casal - gaiteiro y boticario al igual que Perfecto Feijoo- que, acompañado por su padre Nando Casal, uno de los fundadores de Milladoiro, interpretaron el repertorio que tocaba Feijoo con el coro Aires da Terra, con arpa y zanfona incluidas.
Al margen de los actos del programa, el ambiente luctuoso de la ciudad por la muerte de Ravachol se reflejó en los restuarantes, donde había muchas reservas de cenas de comensales enlutados y también en los locales de copas.
Después de veintiocho años celebrándose, el entierro de Ravachol sigue siendo un acto multitudinario, aunque algunos observadores detectaron un cierto bajón en las últimas ediciones. El loro carnavaleiro descansa ya en paz hasta el año que viene.