El porcentaje es similar al de otras ciudades con igual población
16 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Ayudar a las mujeres víctimas de violencia de género a superar este problema e iniciar una nueva vida es uno de los principales objetivos que tienen los dos servicios especializados en este ámbito que desde hace más de cinco años tiene en marcha la Policía Nacional de A Coruña, una ciudad en la que se suelen controlar unas 400 órdenes de alejamiento cada año y que supone una media similar a la de otras urbes con el mismo número de habitantes. Los primeros en hacerse cargo de todos los casos son los miembros del Servicio de Atención Familiar (SAF), que son los agentes que inician todo el proceso una vez que se produce una denuncia, que puede llegar por tres cauces: la propia afectada, la Policía Local o los servicios sociales.
En esta primera fase, se pone en marcha la investigación, se detiene al presunto agresor, y este pasa a disposición del Juzgado de Violencia contra la Mujer, que es el encargado de analizar el delito y dictar unas medidas cautelares, que generalmente incluyen una orden de alejamiento de las víctimas. Durante estos primeros pasos del proceso, los integrantes del SAF también realizan varios cuestionarios, en los que siempre se controlan una serie de ítems que sirven para valorar la gravedad del caso, que puede tener un riesgo extremo, alto, medio, bajo o no apreciado.
Una vez que el juzgado dicta las medidas cautelares entran en escena los miembros de la Unidad de Protección, Asistencia y Prevención (UPAP) del Cuerpo Nacional de Policía, que se encargan de «profundizar en el problema de la mujer, comprobar si las actuaciones que se han realizado han sido efectivas, si se cumple la orden de alejamiento... Es decir, hacemos una valoración policial de la evolución del riesgo», explica Luis Gil, uno de los miembros de este grupo.
El contacto con las víctimas es fundamental para desarrollar este trabajo, ya que ellas facilitan la mayor parte de la información sobre la evolución de su caso y la relación con ellas depende fundamentalmente de la gravedad del mismo, ya que si el riesgo es extremo hay un mayor control y seguimiento que si el peligro no se aprecia.
Trabajo en equipo
En este sentido, Gil reconoce que el trabajo de este grupo se extiende siempre a otras unidades del cuerpo, ya que informan a los agentes de Seguridad Ciudadana de aquellas zonas en las que residen las víctimas de violencia de género con un riesgo extremo para que intensifiquen la vigilancia ante la posible presencia del agresor. También se reciben datos de los centros penitenciarios o de internamiento social donde pueden estar ingresados los imputados, y todo ello se refleja en el informe del caso, así como posibles quebrantamientos de condena, de los que se da cuenta al correspondiente juzgado. «Hemos constatado que esta actuación policial y judicial y el seguimiento del caso da sus frutos», afirma Luis Gil, que insiste en que el éxito de su trabajo se debe fundamentalmente al trabajo en equipo.