Crítica de Arte
11 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Si Helena Villar Janeiro era y es una de las grandes de nuestra cultura por sus aportaciones a la poesía, a la literatura infantil y juvenil, a la Educación, o por su trabajo en la Fundación Rosalía de Castro y en el Consello da Cultura Galega, ahora nos emociona una vez más y nos sorprende con su aportación a las artes plásticas. Nueve obras son las que durante estos días y hasta finales de este mes podemos visitar en el espacio expositivo de El Ciber de Mao de Fene, nueve fotografías modificadas digitalmente e impresas en lienzo, que con el título «Soños de Auga», son el principio de una nueva faceta que nuestra autora desarrolla con la mayor de las ilusiones.
La riqueza léxica y semántica de nuestra autora no tiene parangón, y se despliega en todo aquello que escribe, ya sea en forma de blog en helenavillarjaneiro.blogaliza.org/, titulado «Tirar do fío», o en sus publicaciones, como el libro de poesía juvenil «Belidadona» publicado por Ala delta y con el que después de su lectura entendí mucho mejor sus fotografías. Este libro es como un dulce que hay que ir degustando lentamente para destapar todo su encanto, palabra tras palabra nos va abriendo la ventana de los sentidos hacia un lugar en el que la belleza de las palabras, tanto de sus formas como de sus significados nos atrapan para deleitarnos.
Y algo parecido sucede con sus imágenes, así, cada uno de los pequeños cuadros de «Soños de Auga» se pueden leer igual que las pequeñas estrofas del poema de Belidadona.
Reflejos, brillos, vibraciones, ondulaciones del agua que Helena recoge con su cámara y transforma una y otra vez en su pantalla hasta conseguir la rima apropiada. Como Alicia va observando todo lo que sucede a través del espejo, en este caso del líquido elemento, el cual efectivamente se puede atravesar y se puede hacerlo real. Todo lo que sucede es verdad, está recogido por su cámara y filtrado por su mirar, por un mirar lento y gozoso; la velocidad, el rápido pasar del tiempo no es algo de lo que hablen estas fotografías, más bien hablan de lo inmutable, del olor de las piedras mojadas por el rocío, del ruido al pisar los charcos o al caer un chorro en la fuente, de lo fría que está el agua de lluvia, de como huelen hojas mojadas?, de todo lo que siempre fue así y seguirá siendo así.
Lo inmutable lo es a base de repetir lo mutable. Año tras año acontecen las mismas imágenes, los mismos sucesos, se convierten en algo nuestro, lo vemos en sus imágenes y lo leemos en Belidadona: «E caeron os meses/pouco a pouquiño/ por ducias, como os ovos/nun nealiño». Así suceden las cosas en la obra de Helena Villar Janeiro, con lentitud pero sin tropiezos, todo a su tiempo y en su momento, como la misma naturaleza, así, cada otoño sabemos que nos visitan las reinas del bosque, sin prisa pero sin faltar a la cita, con sabiduría y calma.
crítica de arte
Hasta el 28 de febrero