Sara Esperón, de Poio, campeona de squash de España y Galicia en categorías inferiores, aspira a ser profesional y entrar en el selecto grupo WISPA
10 feb 2013 . Actualizado a las 06:00 h.Sara Esperón no concibe la vida sin el squash. A los nueve años cayó prisionera de este deporte de raqueta que, precisamente, plantó su primera semilla dentro de los muros de la cárcel londinense de Fleet a principios del siglo XIX.
Su pasión por el squash quedó patente cuando, tras varios años practicando la natación, cambió la piscina por la cancha de pared frontal. Ocurrió en el gimnasio Budo de Pontevedra. «Un día, probé el squash con mi hermano y nos gustó muchísimo», recuerda la joven, de 18 años, que cursa primero de Psicología en Santiago. «Los dos optamos por dejar la natación», subraya. La decisión que tomó la chica fue espontánea. «Es un deporte muy divertido», matiza.
Sara Esperón estuvo entrenando un año antes de comenzar a competir en torneos y campeonatos. Su preparador, Miguel Novegil, del Squash Pontevedra, le dio la oportunidad de estrenarse en un Gallego sub-11. Sus habilidades con la raqueta eran incuestionables. Fue segunda. «El míster quedó bastante contento», señala la jugadora, que este año, debido a sus estudios universitarios, luce la camiseta del Squash Santiago. «Me dijo que había que seguir entrenando, y a mi cada vez me gustaba más. Me encanta».
Los títulos no tardaron en llegar y se acumulan en su habitación. Campeona de España sub-17, sub-19 y sub-23. También subió a lo más alto del podio en la Copa de España sub-17. Desde el año 2010, es la campeona autonómica de categoría sub-19. «Ojalá pueda ser un día profesional», precisa la jugadora.
Es una meta real y factible con sus agigantados pasos hacia el éxito. El año pasado, ocupó el tercer puesto por equipos en el Campeonato de Europa absoluto. Y en la actualidad, forma parte del combinado nacional de squash, tanto en categoría júnior como en absoluta. De hecho, con 13 años ya lució el escudo español de la júnior. Dos años más tarde, fue quinta en un Open júnior disputado en Bélgica.
Sin embargo, no ha materializado uno de sus objetivos a corto plazo. Entró en el mundo del squash con su hermano mayor, y ahora pretende ganarle una partida. En su último intento, Dani, de 21 años, sobrevivió con un ajustadísimo 3-2. «Me estoy acercando al triunfo», apunta.
Pero una de sus mayores aspiraciones es alcanzar el nivel profesional y disputar partidos WISPA (Women´s International Squash Players Association). En España, solo un puñado de jugadoras pertenecen al selecto club. «Es complicado», admite Sara, que hace cinco años también jugó un torneo en la India. «Una de las ventajas de competir es que viajas y conoces muchos países». Entrena seis veces a la semana, dos o tres horas diarias. Y con la proyección de que el squash sea olímpico en el año 2020, para la poiense «alcanzar unos Juegos sería el gran sueño cumplido». Antes, buscará plaza en un Mundial absoluto.
desde la base. La promesa