La sede de Protección Civil de Valga fue levantada por los voluntarios que sabían de cemento y madera, y equipada gracias a donaciones
07 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Si los políticos mirasen más «o que hai ao seu redor» y menos las «isocronas», mejor irían las cosas. Lo dice José María Bello Maneiro, el alcalde de Valga, que no ha dudado en tomar partido por la agrupación local de Protección Civil en su guerra contra el nuevo mapa de emergencias de la Xunta. Según este, la unidad que atenderá a este municipio -y a muchos otros- se ubicará en Padrón. «Para atender unha emerxencia en Valga, teñen mínimo 20 minutos de desprazamento», dicen los voluntarios valgueses. Eso si no hay mercado, aclaran, y si los coge en una base que, de momento, aún no está montada.
La de Valga, por el contrario, está lista y en perfecto estado de revista. «A orde é moi importante cando se fala de emerxencias», explica Ángel Riveiro, el vicepresidente de la agrupación. Él conoce hasta el último secreto de un complejo que ha ido creciendo poco a poco, a golpe de materiales cedidos por el Concello y otros colectivos y de horas y más horas de trabajo voluntario.
Hace unos diez años, los responsables de la agrupación plantearon al Concello la posibilidad de usar unas viejas casas de maestros, a punto de entrar en la ruina, para trasladar a ellas su base. Se le concedieron dos viviendas a las que los voluntarios no tardaron en sacarle provecho. Poco a poco fueron habilitando espacios hasta conseguir el pequeño chalé del que ahora disfrutan y que es tomado como modelo a seguir por agrupaciones de toda España.
A la base se accede por un amplio garaje en el que duermen algunos de los vehículos de la agrupación, todos relucientes, y filas y filas de material perfectamente ordenado. Mangueras, botellas de oxígeno, cascos... Luego, la base se divide en dos. El primer bloque arranca en una cocina en la que «temos de todo», incluida una máquina de hacer cafés rescatada de una cafetería. «Onde máis tempo pasamos é na sala», dice Ángel, abriéndonos paso hasta una habitación austeramente amueblada pero en la que no faltan los ordenadores, las centralitas de radio y teléfono y una televisión que ayuda a pasar el rato. «Ás veces algún compañeiro trae a Play-Station e botamos unhas partidas». Y es que en la base de Protección Civil de Valga siempre hay alguien, día y noche. Por eso, en la planta de arriba de este primer bloque se han habilitado dos dormitorios -uno para varones, el otro para chicas- y un baño. Bajamos las escaleras de nuevo, volvemos al garaje de entrada y desde allí, cruzando otra puerta, llegamos a los vestuarios. En ellos, cada voluntario tiene su espacio: su taquilla y un lugar para colocar unos equipos que llevan incorporada una bombona de oxígeno. Son unos equipos caros, cedidos por una organización Suiza que ha dotado a los voluntarios de Valga de buena parte del material del que disponen. Incluso de un viejo camión, con cuarenta años de historia, que está aún en perfectas condiciones de uso.
Ese coche, diseñado con precisión suiza, forma parte de la flota de camiones con la que se ha ido haciendo poco a poco Protección Civil de Valga a base de convenios y donaciones. El parque móvil es la parte más visible de un enorme arsenal de medios que incluye hasta tres trajes para actuar en caso de contaminación química y que cuestan la friolera de 3.000 euros la unidad.
Todo ese material ha sido conseguido por el empeño de los voluntarios valgueses. Y les ha permitido a estos colaborar en dispositivos de emergencia en muchos kilómetros a la redonda. Pero todo ese trabajo «non valeu de nada», y ahora el futuro de Protección Civil está en la cuerda floja. «O único que pedimos é que se parta o GES de Padrón e que a metade veña para aquí». Por pedir, que no quede.
Hay trajes para hacer frente a contaminaciones químicas. «Ogallá non os usemos»