Una casa de Sada recibe tres colisiones en dos años

Toni Silva SADA / LA VOZ

FIRMAS

Los vecinos de Soñeiro denuncian el peligroso estado de la carretera que une Espíritu Santo con Oleiros

25 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Las casas de Soñeiro que flanquean la carretera entre Oleiros y el Espíritu Santo no ganan para sustos. Contra ellas colisionan periódicamente los vehículos que atraviesan este estrecho tramo. José López Freire es uno de esos vecinos que no acaba de acostumbrarse a encontrar su portalón destrozado pese a los reiterados episodios. El último, este mismo mes. Su casa está en el centro de una bifurcación y el gran portal de hierro volvió a saltar por los aires. Esta vez al menos, José tuvo el consuelo de que el responsable de la desfeita no se dio a la fuga, sino que dejó los datos para hacerse cargo de los desperfectos. La odisea de este vecino de Soñeiro se remonta a septiembre del 2010, cuando un coche derrumbó parte de la valla de su finca. En noviembre del año pasado, en un accidente de madrugada, otro vehículo impactó contra un poste cercano y cayó sobre el vallado de la casa. Pero no es la única víctima reincidente. De hecho, con ocasión del último accidente los vecinos se reúnen y se intercambian fotografías de vehículos empotrados en sus inmuebles como si se tratase de cromos.

Los accidentes han originado reclamaciones a la Xefatura Territorial de la Consellería de Infraestruturas, titular de la sinuosa vía AC-182, que enlaza la N-VI con la carretera que atraviesa el núcleo de Oleiros. Desde el primer siniestro, los vecinos han pedido la colocación de bandas rugosas o elementos que contribuyan a reducir la velocidad, pero las peticiones siempre han sido informadas desfavorablemente por el organismo competente.

Los vecinos temen que las colisiones y los daños materiales puedan algún día pasar a algo más grave. De hecho, María Luisa Freire, residente temporal en esta zona, estuvo a punto de morir en un accidente hace 17 años. El coche no llegó a tocarla, pero fue merced a un salto repentino y milagroso. «El coche me pasó rozando, me tuve que tirar a la cuneta porque si no me habría matado», recuerda. Pese a todo, se pasó un mes escayolada fruto de las lesiones. Recientemente recuerda otro grave accidente cuando una moto circulaba en el momento en que su vecina salía de su casa con el coche. «Llevamos así muchos años, ¿es que nadie lo va a arreglar?».