Talentos en busca de las oportunidades perdidas

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

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CEDIDA

La crisis convierte a Arousa en exportadora de jóvenes formados

21 ene 2013 . Actualizado a las 11:02 h.

«En Galicia non se pide nada, emígrase». La frase la escribió Castelao bajo uno de esos dibujos suyos, en blanco y negro, en los que una marea de hombres y mujeres, hatillos al hombro, iniciaban una lenta marcha hacia el otro lado del mar. Ha pasado casi un siglo desde aquella oleada migratoria sobre la que tanto reflexionó el rianxeiro. En ese tiempo, Galicia siguió enviando fuera a sus hijos. A América o a Europa. A cualquier lugar en el que hubiese trabajo, por duro que este fuese. A cualquier sitio del que pudiesen llegar divisas que ayudasen a construir el país. La Galicia errante pareció pasar a la historia en la época de las vacas gordas. Los emigrantes retornaron, y también sus hijos y sus nietos, convencidos de que el futuro estaba aquí. Y aquí, los jóvenes decidieron escuchar a sus padres y estudiar y formarse: ese era el camino hacia una buena vida.

Pero ni siquiera los mejores currículos se han quedado a salvo de la crisis que ha incendiado nuestra sociedad. Hace unos días, un estudio elaborado por la CIG apuntaba que, cada día, setenta jóvenes de entre 20 y 34 años dejan Galicia. Se marchan con sus títulos a otra parte, buscando las oportunidades que aquí no encuentran. Arousa no se salva de esa tendencia. Desde que empezó la crisis, el paro se ha disparado. Y en esas negras listas oficiales, el número de personas de menos de 25 años ha escalado hasta superar la barrera de las 1.120.

Con esas cifras en la mano, no es de extrañar que los jóvenes encuentren mejor opción que hacer las maletas y partir. Durante un año, la edición de Arousa de La Voz de Galicia ha seguido el rastro de algunos de esos arousanos que están fuera. Medio centenar de testimonios que dejan claro que nuestra comarca se ha convertido en una potencia exportadora de talento, de jóvenes formados, de currículos cargados de promesas que aquí no parecen poder cumplirse.

El nuevo emigrante tipo arousano se lleva bajo el brazo una licenciatura en ingeniería, informática, veterinaria, biología o lo que se tercie. Muchos, acompañan ese título oficial con másteres y otros cursos de formación. Nuestro joven emigrante habla inglés y no tiene complejos a la hora de relacionarse en sus países de acogida. En lugares como Irlanda e Inglaterra, muchos empiezan ganándose la vida trabajando en hoteles, supermercados o lo que se tercie. Pero no pierden de vista aquello para lo que se han formado, y en muchas ocasiones acaban logrando lejos la oportunidad que se les ha negado en casa. Otros, sin tanta suerte o sin tanta formación, se quedan en ese primer escalón, sin subir ni bajar, recogiendo lechugas en la campiña inglesa o aguantando el tirón como buenamente pueden. Muchos vuelven a casa, vencidos. Otros ponen al mal tiempo buena cara y aprovechan para formarse.

La vuelta al mundo de arousano en arousano nos ha permitido viajar a todos los continentes. A algunos hemos llegado de la mano de trabajadores especializados a los que sus empresas necesitan lejos, bien abriendo mercados, bien poniendo en marcha sucursales, bien aprendiendo de la competencia. Todos echan de menos a su familia y el modo de vida gallego. Algunos empiezan a ceder a la morriña. Otros tienen claro que su camino no tiene retorno. No de momento.

Ni siquiera los mejores currículos se han quedado a salvo de la quema de la crisis