Almejas, mercadillo y sobres negros

Alicia Fernández LA SEMANA DE...

FIRMAS

Que el marisqueo es un sector de subsistencia, sin estructuras sólidas y de casi nula planificación, es palmario. De eso ya hemos hablado en múltiples ocasiones. Lo que me causa estupor es la extrañeza mostrada por quienes tienen responsabilidades en el asunto ante situaciones adversas agrandadas por esos endémicos males. Las riadas, las importaciones, la estacionalidad, el furtivismo, la contaminación, el agotamiento de las zonas de libre marisqueo o las elevadas tasas de mortandad por algas o parásitos serían problemas más pequeños -o afrontables- con una gestión acertada de los recursos naturales. Para un sector abonado al voluntarismo y al azar de la naturaleza cualquiera de ellos es infranqueable. Y al final siempre se opta por lo mismo: solicitar ayudas públicas para resolver el día a día, aún siendo conscientes de que históricamente han sido utilizadas para lastrar la emancipación de un colectivo tutelado.

Una deriva similar ha seguido alguna experiencia que en el pasado pudo crear expectativas como alternativa. Como parece que nadie tiene la menor intención de cambiar tan nefasta situación, yo propondría sacar a subasta pública esos recursos de todos los gallegos, con la obligación de convertir en personal fijo a todos los mariscadores y asignarles el salario mínimo interprofesional -la media hoy en día está por debajo-. Sin trabajar, en casa. Les aseguro que la subasta no quedaría desierta.

Vuelve a debatirse, tras la propuesta realizada por la Asociación Boirense de Empresarios al consistorio, reubicar el mercadillo semanal en la avenida da Constitución. Hay posturas para todos los gustos, incluso dentro de cada una de las partes implicadas. Lo que muestra a las claras que no es fácil encontrar una solución. La mejor opción, por el momento, será mantenerlo donde está; lo que no implica reunirse con las partes y hablar. Por ejemplo del grave problema de tráfico que supondría, del no menos grave problema de limpieza -quieran o no asumirlo los vendedores- o del acceso a los garajes. Pero en esas reuniones también podrían abordar el problema de la competencia desleal, los puestos que no pagan las tasas, la venta de productos perecederos sin cumplir mínimas normas higiénicas, etcétera. A ver si de una vez se llega a una conclusión acertada que compatibilice las diferentes pretensiones, pero cumpliendo las normas.

Y por último hacerme eco de la guinda que corona un gran pastel de corrupción y despropósito llamado España. Que el tesorero de un partido amase una fortuna de 22 millones de euros -3.666 millones de pesetas- en una cuenta Suiza ya da por sí solo para algunas penas de cárcel y muchas dimisiones. Pero que esa misma persona filtre, en claro desafío a los compañeros que lo abandonaron, que pagaba con sobres de dinero negro a la cúpula exige abrir las ventanas con urgencia para airear, clarear y limpiar. Pero, una vez más, la táctica es la de la avestruz: esconder la cabeza y esperar a que pase el problema. El resultado también es el mismo, que cada vez engorda más y llegará a explotar.