La crisis reactiva la solidaridad a través de las asociaciones vecinales

maría cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

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OSCAR CELA

Los colectivos de ayuda suplen las carencias de los servicios públicos afectados por recortes

13 ene 2013 . Actualizado a las 06:00 h.

Martes por la tarde. M.ª José e Irene marcan lotes de leche, macarrones, agua... Lo hacen también los viernes en el local de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Lugo, un cuarto ubicado en un inmueble municipal que los voluntarios de ese colectivo convirtieron hace ya un año en un supermercado solidario donde llenan la cesta de la compra los que no tienen dinero para ir a una tienda convencional. Esta iniciativa es solo un ejemplo del papel que juegan ahora algunas de las 5.132 asociaciones vecinales que, según la base de datos de la Xunta, hay registradas en la comunidad gallega.

Además de la organización de actividades culturales o eventos como la cabalgata de Reyes, el magosto o el carnaval, la crisis las ha empujado a reactivar el espíritu de solidaridad vecinal recogiendo alimentos para sus paisanos menos favorecidos o ayudándolos a buscar trabajo. «Hai moitas cousas que facemos que debería facer a Administración, como é o caso dos concellos», explica el responsable de la Confederación Galega de Asociacións Veciñais, Jesús Vázquez. Además, la desaparición de la mayor parte de las ayudas que les llovían en tiempos de bonanza desde diferentes Administraciones ha multiplicado el trabajo de los voluntarios de los colectivos que mantienen la actividad y que ahora tienen que trabajar el doble para aguantar. Porque el dinero que les llega no es bastante.

Los voluntarios hacen labores como las que desempeñan M.ª José e Irene, responsables de la tienda solidaria de Lugo. Cuentan que la mercancía que reciben para la tienda es donada por empresas de la provincia y los clientes pueden llevarse productos canjeándolos por puntos -no por dinero- que obtienen realizando algo por los demás. «O supermercado forma parte dunha iniciativa chamada Entre Veciños e pola que temos unha axuda da confederación estatal. A idea é promover o emprego e axudar aos que non teñen recursos. Funciona de xeito semellante a un banco de alimentos, pero non é igual porque a xente que quere vir por un cartón de leite ou un paquete de macarróns ten que facer algo para poder obter puntos para conseguilo», dice Luis, uno de los voluntarios del colectivo vecinal. ¿Cómo se obtienen puntos? Buscando trabajo, quedando por la noche con alguien en el hospital, haciendo la limpieza en una casa...

Ese espíritu de ayuda mutua también se respira en la Asociación de Vecinos de Rubiáns, en Vilagarcía. Y no son solo los miembros de la directiva los que echan una mano: «Estar na directiva é algo que non quere ninguén porque queima moito, pero no momento de facer algunha cousa hai moita xente que quere traballar e da que botas man», explica Xurxo Abuín, el responsable de este histórico colectivo de la parroquia de Rubiáns.

Además de organizar el carnaval, las fiestas de San Xoán, la Muestra de la Camelia (este año será el 2 y el 3 de febrero), dirigir una escuela de danza o exposiciones de fotografía o pintura, este año han hecho una recogida de alimentos durante la Navidad. Y se han quedado económicamente a cero porque también han comprado los trajes para los alumnos de la escuela de baile. «Todo o facemos coas cotas dos socios e co que recadamos na cafetería na que atende o que vai chegando. Nos traxes gastamos moito», añade Abuín. Ahora están en números rojos «ou moi vermellos», pero confían en salir adelante.

De esa forma se han quedado otras muchas asociaciones que se limitaban a organizar charlas cuando les tocaba alguna subvención. Aguantan el nombre, pero no tienen margen para nada más. Lo que hacen lo resume la portavoz de un pequeño colectivo de una aldea de la provincia de Ourense: «Agora xa non pedimos porque non hai».