Una canadiense estudia la venta de esclavos en Vigo en el siglo XVII

Jorge Lamas Dono
Jorge Lamas VIGO / LA VOZ

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Cuadernos de Estudios Gallegos recoge la investigación de Caroline Ménard

03 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

La profesora de la Universidad de Montreal Caroline Ménard ha publicado en Cuadernos de Estudios Gallegos, del Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento, el trabajo de investigación Un esclavo que se llama Antonio: venta de dos esclavos asiáticos en Galicia a inicios del siglo XVII. La profesora canadiense indaga en el ejercicio de la esclavitud en la Edad Moderna a través de un documento encontrado en el Archivo Histórico Provincial de Pontevedra, concretamente en los protocolos notariales, Blas de Caldas, leg. 2190. Afirma la investigadora que la esclavitud era conocida en la península Ibérica desde la Antigüedad y durante la Época Moderna y que no se limitó a la sumisión de personas de origen africana.

Este artículo trata de la venta de dos esclavos de origen asiático, llamados Antonio y Domingo, en el puerto de Vigo en 1603. En él se analiza la ruta emprendida por estos, el papel desempeñado por los marineros portugueses de la Carreira da India como vendedores, así como su origen y precio. Antonio y Domingo representan una minoria dentro del conjunto de los esclavos viviendo en ese momento en Galicia, pero su presencia es un ejemplo ilustrativo de la dinámica vigente en la época tal como se puede extraer del trabajo.

Señala Caroline Ménard, que la proximidad a Portugal permitió a menudo la introducción en Galicia de esclavos negros a través de la venta entre particulares. «Como es lógico pensar, el mismo papel pudieron jugar éstos en la aparición de esclavos asiáticos por tierras gallegas y así lo demuestran dos escrituras notariales, ambas redactadas en Vigo, en el otoño de 1603», indica la historiadora candiense en su trabajo. En la primera de ellas, alude a la venta de Antonio, «de edad de hasta diez anos poco mas o menos, de casta cumbrin, cabello llano, negro, de poca frente y los dos dientes delanteros grandes». El otro documento describe a Domingo como a «moreno su esclavo, de casta bengala, que tiene por señal el cabello corredio».

En ambos casos, señala la investigadora canadiense, el vendedor es un marinero portugués de la Carreira da India que está de paso en la villa de Vigo por encontrarse allí las naves del rey. De hecho, dos de estas naves, partidas de un grupo de seis en marzo de 1602, arribaron en el tornaviaje a Vigo por causa de tormenta y descargaron en la villa. «Así pues queda patente el importante papel que jugaron los componentes de la tripulación en el tráfico de esclavos, quienes se integraban en redes mucho más amplias», explica Caroline Ménard. En cuanto a los compradores de los dos esclavos, los documentos aportan el nombre y la ocupación del primero, «Antonio Núñez Vela quien era alférez de campo» y, en el caso del segundo, el nombre y la residencia, es decir, Juan Ochoa Turrioz, natural de A Coruña.

Más baratos que los africanos

En cuanto al precio de ambos esclavos, la investigadora señala que faltan datos comparativos dentro del contexto gallego para poder apreciar en su justo valor su significado. Datos de la primera mitad del siglo XVI sobre precios de venta de esclavos en La Palma hablan de cuantías superiores a 550 reales por esclavos africanos de corta edad, continúa diciendo Ménard, aunque señala que son cantidades que distan mucho del caso vigués.

Esta realidad fue establecida también en la ciudad de Sevilla a inicios del siglo XVI, donde listados de precios de esclavos demuestran que los esclavos indios estaban entre los menos valorados por sus pocas aptitudes para trabajo físico, siendo más baratos que el resto.