El castillo sin olivo

FIRMAS

Si Abel Caballero fuese Matusalén, y hubiese gobernado Vigo durante doscientos años, el escudo de la ciudad solo tendría un castillo. El olivo hace tiempo que habría pasado por la motosierra. Porque en los últimos años se observa una tendencia a la tala que ni un aizkolari en el parque Yellowstone. Grupos ecologistas como Amigos da Terra han protestado y estudian demandar al Concello tras las talas en O Castro.

Para ser justos, habría que hacer un par de matizaciones. La primera es que sorprenden las movilizaciones en Coia por los chopos. En 2009, los vecinos se manifestaban porque esos árboles producían pelusas que «provocan problemas respiratorios y de salud». Más tarde se supo que la mayoría estaban enfermos por infección de un hongo. Como consecuencia, varios troncos se desplomaron en los últimos años, aplastando vehículos. También aquí se cargó contra el Concello, exigiendo una tala preventiva. Lo curioso es que ahora, cuando llega esa tala tan demandada, vuelva a montarse una campaña en sentido contrario. Nunca llueve a gusto de todos.

En O Castro, la mayoría de lo que se ha talado son acacias negras, especie alóctona e invasiva. Y para poner en valor la fortaleza del siglo XVII, que resistió los ataques de Sir Francis Drake, voces autorizadas, como la del investigador Jaime Garrido, reclaman hace mucho que se vea. Si para ello hay que retirar acacias negras, que se talen.

Otra cosa sea que el plan de talas sea opaco, que lo es. Ni Cespa ni Concello han hecho público qué pretenden y cómo ejecutan las talas. Y parece que se han llevado por delante árboles de gran valor, como varios magnolios. Ese es el problema. Porque el caso genera opiniones diversas. Pero, mientras falte información oficial y prevalezca el oscurantismo, es lógico que pueda parecernos que Caballero se ha echado al monte con una motosierra.

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