El Poundbury del Príncipe Carlos

Elena Larriba García
Elena larriba PONTEVEDRA / LA VOZ

FIRMAS

Pablo Giménez, un químico en el pueblo más ecológico de Inglaterra

16 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Pablo Giménez Domínguez es químico y tiene 28 años. Lleva desde los 20 de periplo por el extranjero y a la hora de buscar su primera experiencia laboral lejos de casa confluyeron intereses profesionales y personales.

Empezó en el 2004 saliendo todos los veranos para aprender inglés. A Oxford, a Edimburgo, a Manchester, a Portsmouth y a Toronto. Y después siguió viajando, pero ya como monitor o profesor de grupos de estudiantes de institutos. En los últimos tres años, calcula que habrá pasado en Pontevedra solo tres meses. En el 2011 enlazó el final de un curso de un año en la Universidad Politechnika de Gdansk, en Polonia, con un mes de monitor en el Reino Unido y con el inicio de un nuevo curso en la Universidad de Belgrano, en Buenos Aires.

«De cada lugar en el que he estado -dice- conservo amigos buenísimos de todas partes del mundo, de los que he aprendido un montón y con los que nunca he perdido contacto». Es de los que piensa que, independientemente de la grave situación económica actual que obliga a emigrar, «la gente debería salir no solo por el hecho de buscar un trabajo, sino para vivir el mundo, aprender y traer ese conocimiento de vuelta».

La historia de por qué acabó perdido en un pueblecito en medio de la campiña inglesa empieza en Buenos Aires, donde estuvo realizando un convenio bilateral con la Universidad de Santiago de Compostela. Quería comenzar su vida laboral como químico en algún rincón de Europa. Y su compañera de piso, una francesa, ingeniera medioambiental, llamada Magali, le pasó el contacto de algunas empresas a las que podía enviar su currículo. Mandó correos a cerca de 200 compañías relacionadas con la Química Medioambiental y en agosto pasado obtuvo respuesta de DMT (Enviromental Technology) una pequeña compañía holandesa que estaba empezando, con otras tres empresas, un proyecto revolucionario en la región de Dorset: una planta de optimización de biogás. La idea, proveer de gas al pueblo de Poundbury -que pretende ser el más ecológico del Reino Unido- a través de la fermentación de cosechas de maíz, desechos de una fábrica de patatas de la zona, otra de cereales y otra de chocolates, proveedora del Castillo de Edimburgo y de los almacenes Harrods. «Con esto se pretende que el pueblo sea autosuficiente en todos los sentidos, con productos locales», explica Pablo.

La parte que realiza DMT es la de optimización de ese gas, «lo cual, tras dos meses iniciales de un trabajo incesante, hemos conseguido con gran éxito, siendo la primera compañía en introducir biogás en la red nacional de gas en el Reino Unido, abasteciendo a cerca de 4.500 hogares en el invierno, tanto para calefacción como cocina, y a más de 5.000 en verano».

Según comenta, la idea de Poundbury comenzó hace 25 años, cuando la población empezó a crecer en esa zona y se vieron necesitados de nuevas viviendas. «Es ahí donde entra Duchy of Cornwall, compañía creada por el Príncipe Carlos de Inglaterra para gestionar sus tierras y la producción de las mismas. Él cedió parte de sus terrenos para la creación del pueblo, siempre que se respetasen unas normas medioambientales».

Un cuarto de siglo después, ese nuevo pueblo es una realidad y ha recibido premios internacionales por su sostenibilidad y construcción. «Allí no hay antenas de televisión, ni aparatos de aire condicionado, ni señales de tráfico, y las casas están diseñadas bajos criterios de igualdad, de manera que por su imagen externa nadie sabe si quien vive en ellas es una clase social más baja o más alta que el vecino».

La función de Pablo Giménez fue realizar un estudio minucioso sobre la eficiencia de la planta, en cuanto a la optimización de biogás, y obtener resultados para posibles mejoras en futuras instalaciones, «ya que la tecnología que utilizamos es única en el mundo y aún no se conoce exactamente cual será su respuesta», apunta. El proyecto de la planta comenzó a funcionar el 12 de octubre y el 21 de noviembre pasado fue inaugurado por el Príncipe de Gales.