Dos Mouriños


Vigo

Solo hay un Mouriño y no es portugués. Así cantaba el miércoles la afición de Balaídos, mofándose del relamido técnico merengue y rindiendo homenaje al presidente del Celta. Muchos, entre quienes me incluyo, coreaban la broma con la fe del converso.

Porque, cuando Carlos Mouriño Atanes llegó al Celta, en 2006, casi todo lo hizo mal. Todos recordamos la campaña «Cien por cien Vigo», diseñada por publicistas contratados en Madrid, con la que el club renunciaba a serlo de toda Galicia. Se ve que los paracaidistas de la capital no conocían a la peña Carcamáns, de A Illa de Arousa, que este año viajaron a Balaídos en catamarán para ver el partido contra el Getafe.

Los despidos de trabajadores históricos del club o el cambio de Fernando Vázquez por Hristo Stoichkov tampoco ayudaron a la imagen del presidente.

Los resultados deportivos se le negaron desde el principio. En un año, pasó de la UEFA a Segunda. Y el proceso concursal dinamitó aún más su imagen.

Hoy, en cambio, Carlos Mouriño Atanes se ha ganado el reconocimiento general. Porque tiene un club saneado, en contraste con el fiasco del Deportivo. Y porque lleva años avalando al Celta con su propio patrimonio, en contraste con Lendoiro, que cobra una millonada mientras lleva a su club a la quiebra.

El Celta, además, juega con futbolistas gallegos, la mayoría criados en Barreiro, con los que es fácil identificarse. Y el club, en todos sus estamentos, funciona muy bien.

Yo no sé si solo hay un Mouriño. A veces, creo que hay dos: el de antes y el de hoy. Me quedo con este último y con un Celta que juega de oro. Como se lo demostró el miércoles a otro Mourinho, que sigue el camino inverso, de la adhesión incondicional a la crítica, rumbo al oprobio.

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