La última entrega de la guía constata grandes distancias entre los vinos
09 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Ya está en la calle la última edición de la Guía Peñín de los Vinos de España, una de las publicaciones de referencia para el sector. Como es habitual, las puntuaciones van precedidas de un análisis de la situación de cada una de las zonas reseñadas. En el caso de Galicia, la reflexión sobre Ribeira Sacra es, entre las cinco denominaciones de origen, la más exhaustiva con bastante diferencia.
En cuanto a las conclusiones, Peñín retrata una Ribeira Sacra de dos velocidades, con notables contrastes entre las bodegas punteras y las que sitúa un peldaño por debajo. Las vendimias demasiado tardías, y la consiguiente sobremaduración de la uva, explicarían desde su punto de vista estas significativas diferencias.
«Es curioso que en una misma zona las distancias entre las marcas líderes, que son pocas, y las de abajo sean tan grandes», dice el autor de la guía. Las bodegas punteras, que para el crítico serían Dominio do Bibei, Algueira y Adegas Moure, elaboran a su juicio «vinos plenos de mineralidad, frutosidad y complejidad». El resto, sostiene, «continúa desconectado de los mejores».
Rápida pasificación
¿Por qué esas distancias? Peñín cree que, a diferencia de otras zonas donde esa práctica se ha erradicado, en muchas bodegas de Ribeira Sacra persiste el hábito de buscar la «concentración» en los vinos y el «exceso de madurez» en las viñas. «Con unas uvas habituadas a zonas frescas, apurar la madurez significa alcanzar la pasificación con rapidez», apunta. Es el principal error que observa en muchos vinos que, por otro lado, pecan a su entender de «ligeros tufos reductores y algunos excesos de sulfuroso».
Peñín admite, no obstante, que en una zona como Ribeira Sacra, con orientaciones, suelos y altitudes cambiantes en el viñedo, «no se pude vendimiar a piñón fijo». Este contexto vitícola, según subraya, requiere «conocimiento del viñedo» y no perder de vista «que la zona posee en general un microclima cálido». «En el caso de las tierras graníticas basta que no llueva durante unas pocas semanas para que se produzcan maduraciones rápidas de la uva», advierte el crítico.
Desde su perspectiva, los vinos del 2010 destacan por su equilibrio» y mantienen un año más tarde «cierta expresión frutal». En el 2011, por el contrario, Peñín observa «signos de sobremaduración, más por el retraso de la vendimia que por las características de la cosecha».