La Diputación, en la senda de la normalización


Y en esto llegó Baltar (el de siglo XXI) y mandó parar. Se acabaron en la Diputación los días de vino y rosas. La Meca del empleo ourensano, ese oscuro objeto del deseo para miles de jóvenes (o de sus padres) que fiaban su futuro a un dedo benefactor, ha optado por métodos más racionales y democráticos. En feliz frase de Juan Tallón en su artículo de La Voz, «a Deputación despide os seus traballadores despois dunha festa sen fin na que sempre había champagne a refrescar». Las guirnaldas se esfumaron y la nevera se vació porque el nuevo presidente optó por el rigor a la hora de planificar el futuro de la provincia. La Diputación, que era permanente noticia en Galicia por las anómalas contrataciones, lo fue esta semana por ser la primera institución pública que plantea un Expediente de Despido Colectivo que afectará a 32 trabajadores indefinidos. Estas bajas, unidas a las que ya se llevan consumado en los últimos meses, le permitirán ahorrar 1,3 millones de euros en sueldos. Todavía parece un exceso que la Diputación de Ourense sea, proporcionalmente, la de mayor número de trabajadores por habitante. La de A Coruña, con 1.143.359 habitantes, tiene 800 trabajadores; la de Pontevedra, con 956.754, cuenta con 871; la de Lugo, con 348.649, tiene 500. ¿Por qué la de Ourense, con 330.151 vecinos (¡la tercera parte de las dos provincias grandes!), necesita 756 empleados? Ingente tarea la que le queda a Baltar para seguir por la senda de la normalización que la oposición tilda de fuegos de artificio. La valoración no deja de ser una muestra de la incongruencia política e ideológica la que les lleva a criticar ahora el cambio de una situación que antes motejaban de nepotismo, despilfarro y un sinfín de descalificativos.

El dato Los gobernantes capitalinos deciden retirar con una mano, en un período de dos años, 36.000 euros de la iluminación navideña (¿será para evitar el plus de optimismo que generan las luces de colores?) mientras con la otra le dan 46.000 a una empresa para que organice un festival de música clásica (¡lo más demandado por las clases populares!) para complacer el capricho de la edila socialista Ana Garrido. Así ésta le da a ganar a un amigo (que ya tiene trabajo como profesor del Conservatorio) ¡17.000 euros! extras (el sueldo medio de los ourensanos no supera esta cantidad trabajando ocho horas diarias todo el año) por organizar el festival del 15 al 24 de febrero. ¿En qué urna de cristal se aíslan de la realidad los ediles socialistas que toman estas decisiones y los nacionalistas que las refrendan con sus votos?

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