El amor eterno

Maxi Olariaga

FIRMAS

Ancianos enamorados en una plaza pública.
Ancianos enamorados en una plaza pública. CAPOTILLO< / span>

09 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Debería ser eterno el amor. El amor debería ser eterno. Trascender los sueños y las esperanzas y no morir nunca. Podría ser el amor una siempreviva, una planta perenne a la que le bastara el rocío de la noche o las auras de la mar para permanecer colgado de las barreras de los ojos en el borde mismo de los precipicios del alma viendo feliz pasar los siglos bajo sus pies de algodón. No habría entonces última etapa ni salida ni meta. Sería una carrera infinita bajo las nubes coloradas del atardecer y un sueño sobre la arena de una playa de hojalata deslumbrante, bruñida por el sol del mediodía.

El amor así, eterno, podría salvarnos de la buena muerte y de la mala vida que estrechan y reparten con avaricia la alegría en nuestras pobres y escasas glorias de este mundo que como una anaconda furiosa, poco a poco, cierne sus anillos desde nuestros pies hasta el cuello, asfixiando, asfixiando, asfixiando? la ingenua inocencia divina de la que nos hablaron a las pocas semanas de nacer.

Debería ser eterno el amor. El amor debería ser eterno y entonces las riquezas, el dinero, la envidia y los puñales no serían más que agua, saltimbanqui en el circo del río. La veríamos correr subidos sobre la espalda de los puentes llevándose con ella la corrupción de las almas y los cuerpos. La guerra y la enfermedad jamás traspasarían la estratosfera venidas de estrellas lejanas y viviríamos en un paraíso protegidos del mal por maravillosas auroras boreales.

Si acaso fuera eterno el amor, las manos y los pies serían ágiles y vivaces como las alas de las mariposas y bajo las uñas manaría miel de besos dulces. La canción llegaría a ser un pentagrama de rosas, una voz de mil voces y un arco iris de nácar suspendido sobre los valles por el deseo de la presencia del ser amado. Y el dinero? si el amor no tuviera lindes ni últimas fronteras, el dinero sería un mapa del tesoro abarrotado de enigmas y jeroglíficos que a lo largo de meses inacabables iríamos resolviendo hasta hallar en el cuerpo del otro nuestro propio cuerpo y darle así un sentido total y desnudo a nuestras pobres vidas esclavas de esclavos.

No habría, si el amor permaneciera por siempre jamás, dioses violentos ni sacerdotes viles que los adorasen corrompiendo el transparente aroma del incienso. Solo habría un Dios de amor y certidumbre y sobrarían los templos y las preguntas que encierran. Las camas construidas con todas las maderas, con todos los minerales y con todas las flores que pueblan la tierra acunarían a los amantes volando alrededor del mundo, saltando de estación en estación y de luna en luna hasta hacerlos brillar como luceros errantes, como preciosos cometas viajando de nebulosa en nebulosa sobre el vacío.

Debería ser eterno el amor. El amor debería ser eterno y solo entonces las arrugas se cultivarían en los árboles de nuestros cuerpos y la cosecha nueva restauraría su fruto generando en nuestro rostro la piel de la manzana del paraíso perdido. Los besos serían largos como la ausencia y las caricias un amanecer continuo detenido en el espacio y en el tiempo. Como canta Serrat: Entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha.