«La Casa da Xuventude era un edificio gris, necesitaba color»

raquel iglesias RIBEIRA / LA VOZ

FIRMAS

CARMELA QUEIJEIRO

El artista dice que esta técnica interesa a hombres y mujeres y celebra que la sociedad haya comenzado a aceptarla

04 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Cada vez son menos los barbanzanos que se escandalizan al ver un grafiti. Este tipo de arte urbano ha comenzado a dar vida a las calles y ya son muchos los jóvenes que se apuntan a cursos para aprender esta técnica pictórica antes que a actividades extraescolares convencionales. Los tiempos están cambiando y Antony Rodríguez celebra que al fin la sociedad se haya abierto a nuevas formas de expresión artística. Desde niño sabía que de mayor quería ser grafitero y, a día de hoy, puede presumir de ganarse un dinero con su pasión.

-¿Cómo comenzó a interesarse por el grafiti?

-Cuando tenía doce años empecé a verlo en las calles y, sobre todo, en algunas películas. Eran los noventa y no proliferaba demasiado. Me empezó a llamar la atención esta técnica y también el rap y el hip-hop. Hace poco que me uní al colectivo Vella Escola, que fomenta la cultura urbana en Galicia.

-¿Sigue estando mal vista esta forma de expresión artística?

-Hoy en día ya no hay tantos prejuicios; el grafiti es el arte del presente, no del futuro y hay que diferenciarlo del vandalismo. Son muchas las entidades que demandan nuestro trabajo. Recientemente he pintado en el museo do Mar de Vigo.

-También ha dejado su huella en la Casa da Xuventude...

-Así es. La Casa da Xuventude era un edifico gris, que necesitaba mucho color y arte. Quise hacer un grafiti divertido, en el que se ve a un chico cogiendo una estrella. Quise dejar también un mensaje con mi trabajo, hay que luchar por los sueños. Cuando yo empecé en esto casi no se veían grafitis, y ahora hay mucha gente que quiere aprender a hacerlos.

-¿Son solo chicos jóvenes los que participan en los cursos que organiza con Vella Escola?

-No, son hombres y mujeres por igual, y gente de todas las edades. En Ribeira dimos un curso en el que participó un niño de dos años, su madre no paraba de hacerle fotos. Nos impresionó que tenía fuerza para apretar el espray y que le impresionaban mucho los colores.

-¿Se puede vivir de hacer grafitis?

-Se puede sobrevivir, que no es lo mismo. Al ser también una forma de ocio, hay gente que te pide que le pintes gratis en su casa o en su negocio; pero esto no puede ser.

-¿Su arte conlleva también la denuncia social?

-Sí, por eso también nos invitan a actos reivindicativos.

-¿Ha tenido problemas por pintar en algún espacio público?

-Hay que intentar pedir permiso y aplicar el sentido común, hay sitios en los que sabes que no debes pintar para no tener problemas.