«Nos 70, para moitos progres, a gaita era unha folclorada»

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

MARTINA MISER

Músico, exfutbolista, político confeso... Hablamos con el «boticario gaiteiro»

26 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Para describir a Nando Casal no hacen falta muchas palabras, ni mucha imaginación. De hecho, nos brinda el trabajo ya hecho cuando nos habla de O boticario gaiteiro. Es el título de una pieza por él compuesta que ha tocado muchas veces a lo largo de los años y que volverá a tocar el sábado que viene, en A Illa, donde actuará acompañando a su hijo Roi.

«Faime moita ilusión tocar con Roi, e faime moita ilusión tocar na Illa», dice. Él, acostumbrado a subirse con Milladoiro a grandes escenarios, nunca ha dejado de apreciar el sabor de las pequeñas cosas. Y el concierto de A Illa tiene mucho de bocado delicado, aderezado por los recuerdos que unen a este músico catoirense con el pequeño municipio que flota en medio de la ría. Hasta él viajó muchas veces en la motora para jugar al fútbol. «Xoguei no Céltiga para pagarme a carreira», cuenta. Vestido con la equipación del club, y desde el vestuario, tocó el himno de Galicia en el partido de inauguración del campo Salvador Otero.

La desconocida vena futbolística de Casal sorprende. «Pois xogaba, xogaba», dice él sacando de la memoria los recuerdos. ¿Y la música cuando lo atrapó? «A quen atrapou a música, en realidade, foi ao meu pai», responde. Su padre, trabajador de Cedonosa, «tocou nun grupo de gaiteiros, dirixíu unha charanga e tiña a frustración de non ser director de banda». Por eso, la relación de Nando con la música floreció con total naturalidad. Llamaba la atención, eso sí, su querencia por la gaita, porque «daquela ese instrumento estaba nas mans dos vellos». «Os rapaces ían máis polas orquestras que pola gaita. Así que eu e máis Pepe Ferreiro tivemos o noso mérito», recuerda.

Desembarco en Compostela

Él y su amigo desembarcaron en Santiago dispuestos a estudiar una carrera y a sumergirse en el efervescente mundo universitario. Pero sin soltar la gaita. «Daquela actuamos para moitos progres que pensaban que a gaita era unha folclorada. Reivindicaban o país, pero non vían que a gaita é o instrumento nacional de Galicia».

Aquellos años compostelanos dejaron huella en Nando. «Foi unha etapa moi importante da miña vida», recuerda el que fue militante del sindicato de estudiantes Erga. Y es que Casal nunca ha renegado de practicar la política. Durante muchos años lo hizo como un ciudadano de esos que mira el mundo y lo analiza en detalle. Un ciudadano convencido de que Galicia necesita fuerzas políticas que defiendan sus intereses y que defiendan, también, una identidad cada vez más diluida. Hace unos años, saltó a la primera fila y se presentó por el BNG a la alcaldía de Catoira. Perdió dos veces, y luego se retiró. «Moita xente, incluso dentro de Milladoiro, dicíame que non o fixese, que meterse en política... Pero penso que en determinados momentos hai que mollarse. Eu fíxeno».

Su relación con el Bloque naufragó cuando el frente se hizo añicos. Él se enroló en un nuevo proyecto, el de Compromiso por Galicia. Espera que la gente que lo acompaña sea capaz de hacer eso que, hasta ahora, nadie ha logrado: canalizar políticamente ese sentimiento de orgullo patrio que ha hecho triunfar ese eslogan de ¡Vivamos como galegos!.

«O mundo da cultura leva moitos anos vendendo Galicia, vendendo o galego. A xente vibra co de aquí, co noso. O sentimento de país haino», asegura o boticario gaiteiro. Y es bueno que lo haya. «O que lle falta á Galicia é unha historia épica». ¿Non vale a dos Irmandiños? «Necesitamos unha épica na que venzamos», matiza ante la cuestión. «Ser nacionalista non é odiar ao outro, é querer o propio», sentencia justo antes de proclamarse «internacionalista galego».

¡Viva Catoira!

La idea la toma prestada de un músico occitano al que conoció hace años, en una gira. Con Milladoiro ha recorrido medio mundo, o el mundo entero. Y ha aprovechado bien los viajes, escudriñando con ojo clínico cómo vive la gente. «Interésame máis iso que os monumentos, aínda que tamén», explica. Dentro de poco llenará con nuevas experiencias su maleta: a los de Milladoiro los esperan en Moscú. A buen seguro, allí se tropezará con algún gallego. «Sempre hai un galego. Unha vez, actuamos en Denver, Colorado. Pensamos, ¿que galego vai haber alí? Pois habíao. Alguén nos berrou ¡Viva Catoira!».

en su rincón nando casal

«En Galicia, o sentimento de país haino», reflexiona el ciudadano Casal