Una casa con madera de bateas

Marta Gómez Regenjo
Marta Gómez RIBEIRA / LA VOZ

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Simón Balvís

Iñaki Leite acaba de estrenar su casa en A Pobra, modelo de eficiencia energética, con la que logra el equilibrio entre la modernidad y la arquitectura tradicional

21 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Acaba de estrenar casa en A Pobra, aunque es de Boiro, vive en Londres y trabaja como profesor de Arquitectura en la Universidad Europea de Madrid. Sus doce años de carrera profesional se han desarrollado fundamentalmente fuera de Galicia, aunque estudió en A Coruña, y ha trabajado con grandes arquitectos. Ahora, Iñaki Leite ha vuelto a casa para hacer realidad su sueño, o al menos, acercarse: tocar la arquitectura. Algo que casi consigue en la vivienda que atrae todas las miradas en A Ribeiriña. No es para menos: su diseño moderno, la madera que la recubre, el ventanal de la fachada, por no hablar de los novedosos sistemas de aprovechamiento energético, se alejan de la arquitectura tradicional, aunque no tanto como pudiera parecer.

La innovación, y su aplicación a los sistemas energéticos, es uno de los motores que mueven a Iñaki Leite, tanto es así que su casa tiene la máxima calificación en cuanto a eficiencia energética. Pozos provenzales, recuperador de calor, nebulizadores de agua en el patio interior o bombas de calor son algunos de los sistemas con los que cuenta una vivienda que también incorpora muchos elementos tradicionales.

«Parto de un conocimiento profundo de la arquitectura tradicional, pero siempre desde un punto de vista innovador. Me gusta darle la vuelta a todo. Por ejemplo, en esta casa utilizo las contraventanas de siempre, aunque están hechas con madera procedente de bateas». Esa es precisamente una de las peculiaridades más apreciables, a simple vista, de su casa, aunque la selección de los materiales, como todo en la vivienda, está calculado al milímetro, nada es casual, y tiene un objetivo claro: «En arquitectura juegas con la emoción de las personas. Aquí hay dos zonas diferenciadas: la robustez de la madera de batea que recubre una parte dice claramente que esa es una zona privada, mientras que la otra, de hormigón por fuera y con el gran ventanal, es la parte pública».

Jugar con las emociones «es muy complejo, y cuando atisbas un potencial muy grande, tienes que ir a por él», resume el artífice de una casa que logra otro objetivo fundamental para Iñaki Leite: atraer todas las miradas. «La curiosidad es importantísima, si logras despertarla estás generando arquitectura. No busco lo estético, todo está calculado y pensado desde el punto de vista de la eficiencia; puede gustarte o no, pero la casa tiene algo, al verla sientes curiosidad. Eso es lo que busco. La arquitectura es inteligencia pura».

Perfeccionista hasta el extremo, este boirense asegura que en sus trabajos busca siempre «la excelencia, todo lo que hago tiene que ser ejemplar» y cree que el arquitecto «tiene que ser algo más que un agente de la construcción. Una casa como esta no es la obra de un arquitecto, sino el fruto de la relación con el cliente y el constructor. Yo tuve mucha suerte con la gente que ha trabajado aquí, como los hermanos Aído o Clitecma; son buenos maestros».

Habla de su profesión con auténtica devoción, casi como si fuera una religión: «La arquitectura es algo inalcanzable, nunca puedes decir ??lo he logrado?? porque siempre lo puedes hacer mejor. Puedes sentir un amor tan profundo por la arquitectura que casi la rozas, y en esta casa me pasa eso, casi la toco, pero todavía me falta. El sueño de mi vida es rozar la arquitectura».

EN A Ribeiriña (A Pobra) UN lunes DE 12 a 14 horas