El conflicto planea sobre las bateas

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

MONICA IRAGO

La contratación de vigilancia por parte de los mejilloneros reaviva la crisis del truel

04 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Poco después de que las bateas comenzasen a instalarse en la ría, alguien se dio cuenta de que bajo esas plataformas, entre las cuerdas, proliferaban los camarones. Hecho ese descubrimiento, comenzó la búsqueda de algún instrumento que permitiese aprovechar tan magnífico tesoro. El truel, hasta entonces un aparello auxiliar, se convirtió en una de las herramientas preferidas por los isleños, que llevan medio siglo trabajando tanto con ella como con la nasa para nutrir las mesas del mejor camarón.

Con el paso del tiempo, camaroneros y bateeiros fueron forjando vínculos, tejiendo amistades y superando, también, algún que otro desencuentro. Pero las relaciones entre estos dos colectivos condenados a entenderse parecen haber dado un giro radical. ¿Cuál ha sido la razón?

Cuentan los bateeiros que quienes usan el truel golpean las cuerdas de mejillón y provocan desprendimientos de producto. En tiempos de vacas gordas se hacía la vista gorda ante esas pérdidas. Pero ahora que el mejillón está flaco, que las industrias no compran y que buena parte de la cosecha sigue colgada y débil, la acción de los trueleiros tendría unos efectos terribles. «Entre que o mexillón está vello e xa tende a desprenderse, e que aínda temos sen facer o desdobre, a cousa está complicada», dice un bateeiro que prefiere no ver su nombre en el periódico. En las bateas hundidas por el peso del mejillón que no se vende, la acción de un truel podría ser, dicen, devastadora. «Arruinaríannos non unha colleita, senón dúas».

Servicio de vigilancia

Por esa razón, numerosos bateeiros se están sumando a un servicio de vigilancia para mantener lejos de sus bateas a los trueleiros. «Eu non lle quero facer mal a ninguén, pero teño que defender o meu», explica un mejillonero de O Grove. Su familia ha decidido contratar vigilancia para algunos viveros que están en una situación más «delicada», para otros no.

A quienes trabajan con el truel, los argumentos de los bateeiros no les son desconocidos: los han oído muchas veces a lo largo de los años y, dicen, hasta ahora los problemas siempre se han solucionado con buena voluntad. La posibilidad de que se planteen «vedas» de determinados polígonos o bateas cuando el riesgo de desprendimiento del mejillón sea elevado es una de las ofertas que trasladarán a los dirigentes mejilloneros en cuanto tengan la ocasión de hacerlo.

Los bateeiros, en todo caso, tienen más objecciones. ¿Qué pasaría si un camaronero tuviese un accidente sobre una batea? El temor a que esto se vuelva contra el propietario de la misma es un argumento al que los trueleiros no dan validez. Primero, porque nadie tiene muy claro que eso haya pasado alguna vez, «anque todos temos caído». Segundo, porque la caída podría producirse también cuando acuden a colocar nasas de camarón, y de momento esta actividad no les ha sido prohibida. Y la tercera, porque ellos estarían dispuestos a firmar un documento eximiendo a los bateeiros de tal reponsabilidad.

Para encontrar una salida al laberinto en el que se encuentran, camaroneros y bateeiros deberán dar un gran paso: tender un puente de diálogo. Solo unas negociaciones sosegadas en las que las dos partes pongan sus cartas sobre la mesa permitirán que el conflicto no acabe enquistado.

Los camaroneros plantean la posibilidad de vedar zonas en ciertos momentos

Con las cuerdas llenas de bivalvo viejo, el riesgo de desprendimiento se dispara