Un impulsor de las quinielas de fútbol

Gerardo González Martín

FIRMAS

Braulio Román promocionó un juego modélico para las apuestas

26 oct 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

Braulio Román Veiga, nacido en Domaio, trabajó toda su vida, hasta que se independizó, en Vigo, en los negocios de aquel viguista que era Manuel Álvarez Tomé, representante de la agencia de transportes La Camerana, consignaciones e importaciones, etc. y en un momento dado, mediados los años cuarenta, delegado del Patronato de Apuestas Mutuas. El morracense tenía que hacer el sacrificio de comer a diario en Vigo, porque de lo contrario no habría tenido tiempo para cubrir las jornadas de mañana y tarde.

El jefe era un hombre superactivo, que además patrocinaba un galardón anual con su nombre para premiar trabajos sobre nuestra historia local, con lo que cabe suponer que le inoculó al joven empleado, de su máxima confianza, tanto el amor al trabajo como a las tradiciones viguesas. No en vano el muchacho tenía 14 años cuando empezó a trabajar con él y no le abandonó en ningún momento.

Braulio Román, fallecido a mediados los noventa del siglo pasado, estuvo casado con Josefa (Fita para todos) de Luis Rodríguez, viguesa nacida en la calle Canceleiro. Ella vive en una residencia y a sus 87 años conserva total lucidez.

Nuestro personaje fue también canciller de los consulados de Nicaragua y Dinamarca y del viceconsulado de Italia, representaciones que mantenía asimismo Álvarez Tomé.

Vigo es una de las pocas poblaciones españolas, sino la única, que ha conocido tres modelos de quinielas de fútbol. Las primeras, en los inicios de los años treinta, promovidas por el semanario deportivo Sprint, que crearon verdadero furor entre la afición. Supongo que desaparecieron por causas administrativas más que por cualesquiera otra razón: el juego ha estado siempre muy controlado en España. Y lo digo en líneas generales, porque cualquier vigués maduro recuerda cuando se jugaba a los prohibidos en más de una sociedad recreativa local, alguna muy distinguida. Además de las apuestas de Sprint, en aquellos tiempos estaban en vigor quinielas muy semejantes en otras provincias.

La segunda experiencia viguesa creemos que tampoco fue en solitario, que varias provincias más organizaban el juego. Aquí lo implantaron los Hermanos de San Juan de Dios, que o bien se habían quedado cortos en sus previsiones para atender a los niños enfermos en el Hogar y Clínica de San Rafael o habían sufrido otra contingencia que hacía que sus medios económicos no llegaran para cubrir gastos. Otra vez la quiniela era la salvación, en tanto la autoridad gubernativa hacia la vista gorda. El caso es que las quinielas constituyeron un gran éxito, hasta el punto de que tuvieron noticia del invento en la Administración central. El despacho múltiple de Manuel Álvarez Tomé colaboró también con los Hermanos de San Juan de Dios en la puesta a la venta del producto. Madrid mandó a unos altos funcionarios a indagar lo que ocurría con el fenómeno de la quiniela en Vigo? y finalmente, al poco tiempo, era el sistema que se imponía en España. Álvarez Tomé siguió en el negocio hasta su muerte, en noviembre de 1973, ya que le nombraron delegado de las Apuestas Mutuas Deportivo Benéficas. Los Hermanos de San Juan de Dios no consiguieron las ventajas que les habían prometido aquellos altos funcionarios de Madrid, por elevar de rango el juego y extenderlo a toda España. La primera quiniela nacional, con solo siete partidos, se puso en juego en España de cara a la jornada de 22 de septiembre de 1946. Una de las primeras delegaciones fue la de Vigo, hasta que paulatinamente se extendieron a las cincuenta provincias. La apuesta costaba entonces dos pesetas.

A la muerte del que había sido su único jefe, Braulio Román pasó a explotar las Apuestas Mutuas, sin duda por el conocimiento previo que tenía del negocio. Siguió también con la consignataria, que tenía entre otras muchas compañías internacionales varias marcas del Norte de Europa. Además, Braulio Román fue nombrado cónsul de Dinamarca y se mantuvo durante un quinquenio al frente del consulado de Nicaragua, cuyo embajador le había traído personalmente las credenciales, en tanto para el viceconsulado de Italia nombraron al empresario Fernando Conde Montrero-Ríos, que fue muchos años presidente de la Cámara Oficial de Comercio Industria y Navegación.

memoria de vigo Por Gerardo González Martín

gegonma@gmail.com

Román Veiga fue cónsul de Dinamarca al morir su jefe en el año 1973