La primera jamonería de Vigo

Begoña Rodríguez Sotelino
B. R. SOTELINO VIGO / LA VOZ

FIRMAS

Oscar Vazquez

Carmen Pérez y su marido, Carlos Vázquez, se despiden de su clientela tras 26 años de trabajo

21 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El nombre del local resume su universo: Jaqueyvi, o sea, jamón, queso y vino, un universo de dimensiones limitadas, pero con un contenido de energía y materia suficiente como para formar su propia galaxia.

Sin recurrir a la teoría del Big Bang, sino a la casuística de los negocios, un 20 de mayo de 1986 nacía al lado de la Porta do Sol la que según sus propietarios, fue la primera jamonería que hubo en Vigo. Jamón, queso y vino hubo siempre, pero no el concepto de restauración que haría de este trío de ases de la despensa las estrellas de la carta. «Cuando nosotros abrimos no existía nada parecido. Y mucha gente no había probado antes el jamón ibérico», cuenta María del Carmen Pérez, que es la que ha estado al frente del establecimiento desde el principio. Su marido, Carlos Vázquez, se ocupa ahora de echar una mano pero cuando empezaron, él trabajaba en una empresa de automóviles y después tuvo un taxi.

Para ella fue su primera -y finalmente única- incursión en el sector de la hostelería, algo que hizo animada por sus hermanos, responsables, entre otros proyectos, de Los Abetos, en Nigrán, o la jamonería en Baiona que lleva el mismo nombre que la viguesa.

Este año, tras darle muchas vueltas, la pareja, oriunda de Barcela (Arbo), aunque con domicilio en Vigo hace ya cuarenta años, han decidido que ha llegado el momento de descansar. Así que, tras 26 años al pie de la barra, antes de que acabe el año abandonarán su puesto para dejarlo en manos de otros. «Me gustaría dar las gracias a toda la clientela que ha pasado por aquí. Hemos compartido muchos momentos agradables», confiesa, emocionada.

De sus tres hijas, ninguna está interesada en seguir. «Una es veterinaria y vive en Lugo, otra estudió idiomas y trabaja en Madrid y la tercera hizo Bellas Artes y está en Italia, y por cierto, salió en Españoles por el mundo», apunta.

Aunque con la reciente llegada de la cafetería Cosmos se abre un rayo de esperanza para la plaza, piensan que la crisis y el ambiente de la zona minaron en los últimos tiempos el antiguo esplendor de este rincón del Casco Vello.

A esto se suman las dos grandes reformas que sufrió, primero, cuando se levantó el suelo para quitar la piedra antigua («que era la mejor», apuntan) y después, cuando se alfombró de granito la Porta do Sol «y apilaron las baldosas delante, que ni se nos veía», se quejan. «Todo cambió mucho, pero aquí tuvimos desde artistas a políticos o financieros. Pero sobre todo, y lo más importante, muchos clientes que se convirtieron en amigos, como uno que viene de Portugal cada sábado sin fallar uno y ya se sienta con nosotros a comer en familia».

Carmen recuerda tiempos de mucho movimiento, como cuando la Escuela Oficial de Idiomas se instaló de forma provisional en la Casa da Cultura, o Fernández del Riego, ilustre vecino del mismo edificio que alberga en su último piso la Fundación Penzol, que bajó infinitas veces a su jamonería para darse una tregua en su labor. Tampoco se olvida de cuando el Jaqueyvi, con sus aires de tasca noble, se puso de moda. «Teníamos unos quesos, unos jamones y una selección de vinos que muchos restaurantes no tenían. Éramos la novedad, pero otros nos fueron copiando, que hubo quien vino hasta con la cinta métrica», asegura y añade que ellos nunca se movieron de su apuesta por la calidad del producto.

«Me gusta la hostelería y me encanta mi trabajo, tanto en la cocina como despachando, pero llega un momento en que te cansas, es muy esclavo. Así que ha llegado el momento y nos vamos con un poco de pena, como si dejáramos amigos atrás», confiesa en la despedida.