Cuando trabajar no es una lata

Susana Luaña Louzao
susana luaña VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

Su empleo en Mivisa le llevó primero a Holanda, y luego, a Marruecos

20 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Llevaba diez años trabajando en Mivisa -la firma de envases metálicos de Ribadumia- cuando la empresa abrió una fábrica en Holanda y le propuso irse unos meses para poner en marcha la cadena de producción. José Luis Bóveda, natural de Vilanova aunque asentado en Vilagarcía con su familia, aceptó. Ni sospechaba entonces que era el primer paso de una larga aventura, porque después la empresa abrió en Marruecos. «Nosotros vamos donde van las conserveras, y en Marruecos, por la sardina, ya están Garavilla, Calvo y otras; tanto la mano de obra como los costes son más baratos allí». Corría el año 2008, y la empresa le propuso -«porque en Mivisa no imponen, proponen»- que hiciese en el norte de África el mismo trabajo que hizo en los Países Bajos. Aceptó, y ya pasaron cinco años.

José Luis está muy contento. Es el responsable de mantenimiento de una de las secciones de la fábrica, además de controlar el trabajo de los mecánicos, que son nativos. Tiene un buen sueldo, vive en un hotel en Agadir, la ciudad más turista y cosmopolita de Marruecos, y pasa cuatro meses al año en casa, en Vilagarcía. «No paso más de tres fines de semana sin venir -explica-. Cojo el avión el viernes y me vuelvo el martes».

Son esas ventajas las que provocaron que, lo que en un principio iba a ser un desplazamiento temporal de unos meses, se haya alargado ya cinco años. Por supuesto que echa de menos a los suyos -su mujer María José y sus dos hijos siguen en Vilagarcía- pero toda las noches se conectan por Internet y María José, cuando puede, viaja a Marruecos. «Ahora no es como antes; mi padre era marinero, y solo podíamos comunicarnos por carta, y si llamaba por teléfono, era a la casa del vecino. Yo todas las noches puedo hablar con mi familia y verlos por Internet».

Sin embargo, no se propone quedarse allá. Su intención es volverse, cuando ya no compense. «Me propusieron llevar a la familia, pero no quise, y no por ser Marruecos, sino porque después los hijos se quedan allí y vuelves solo».

Turnos en el Ramadán

La fábrica ocupa 25.000 metros cuadrados y está a veinte kilómetros del hotel en el que vive José Luis. La mayor parte del personal es nativo, lo que da lugar a algunas situaciones a las que él ya se está acostumbrado, pero que en un principio, sorprenden. El Ramadán, por ejemplo, que les obligó a reducir los turnos de trabajo. «Este año coincidió en el mes de agosto, y estábamos a 34 grados, y como no pueden comer, se caían, así que optamos por trabajar solo de mañana».

Las diferencias culturales y religiosas se notan también en otros aspectos, como las condiciones en las que vive la mujer. Poco a poco, se van incorporando a los puestos de trabajo. En Mivisa ya forman parte de la plantilla de administración, pero empiezan a entrar en la línea de producción. «Hay una chica carretillera y dos paletizadoras, y sí tienen algo en común con las españolas, ¡que son unas trabajadoras fenomenales!»

Los abismos culturales sorprenden a este arousano, pese a que José Luis ya vio mucho mundo. «Te encuentras un burro al lado del último modelo de BMW, o a una mujer en la piscina, bañándose en vaqueros y con el pañuelo, y su marido al lado en bermudas».

arousanos en la diáspora josé luis bóveda ventoso