¿Qué votamos?

Alicia Fernández

FIRMAS

La pregunta no se refiere a qué opción o franquicia política apoyar el próximo domingo, sino al ámbito de las cuestiones sobre las que tendrán que decidir aquellos que ganen. A cómo nos afectará a los ciudadanos gallegos a partir del día después de pasar por los colegios electorales. En cuanto al resultado aritmético hay dos posibilidades: una mayoría absoluta del PP (lo que parece más probable) o un gobierno de coalición PSOE-BNG-AGE. También se prevé el incremento de los votos en blanco y la abstención, en todo caso menor de lo que cabría esperar ante la situación general.

Cuando llevamos una semana con las farolas adornadas, hemos visto a los diferentes líderes mitineando, tres debates y un sinfín de actos propagandísticos, ¿han sacado ustedes alguna conclusión? Yo no. Por ejemplo, en un tema tan preocupante y generalizado como la corrupción -será porque todos tienen sus ovejas descarriadas- nadie ha dicho esta boca es mía. No hay constancia de que ningún partido, más allá del fariseísmo acostumbrado, haya presentado algún documento sobre el tema. Mucho menos sobre códigos y normas de actuación de los responsables públicos, para evitar el despilfarro generalizado. O para acabar con la barra libre en que se ha convertido la fijación de sus salarios. Tampoco sobre subidas de impuestos o nuevos recortes que a todas luces habremos de soportar.

Y créanme que casi se lo agradezco porque lo poco que desvelan será incumplido a los pocos días en nombre de la herencia recibida, la presión de los mercados o el imperativo de la Unión Europea. De su verborrea presente y futura no serán ustedes capaces de extraer explicación alguna sobre el desbocado precio de su factura de la luz, del timo de las gasolinas, del aumento del IBI (para tapar agujeros creados por ineptos) o sobre la desaparición de las prestaciones sociales. Es decir, sobre lo que realmente preocupa a los ciudadanos. Por todo ello la respuesta al encabezado de esta columna puede ser: muy poco o nada.

En lo doméstico, hacer referencia a una situación que, cuando menos, me parece carente de lógica: el problema del tráfico en Noia. Gran cantidad de cambios sin mucho sentido que, unidos a la provisionalidad crónica, complican la vida a lugareños y foráneos. También puede ser una novedosa estrategia turística para convertir la villa en laberinto e impedir que los visitantes puedan salir.

Por último, dejar constancia del disgusto que ha provocado el Gobierno central, vía presupuesto para 2013, que no incluye una sola obra de las muchas que están pendientes. El PP llamaba migajas a los acuerdos entre el gobierno de Zapatero y el BNG, que permitieron la creación de partidas específicas. En apenas un año de su gobierno las añoramos y ya nos daríamos con un canto en los dientes con aquellas «faragullas». Los representantes de la comarca en Madrid, sobre todo los del PP, deben elevar su presión para evitar este agravio. Para eso se les ha votado.