Ganaderos de Labrada calculan que este año han muerto en la parroquia unos cien potros por los ataques sufridos
11 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.La presencia del lobo en un municipio como Abadín no es nueva. Sin embargo, la presencia de este animal parece hacerse notar con más intensidad en este año que en otros, como apuntan varios ganaderos. Solo en la parroquia de Labrada, situada en la zona norte y caracterizada por su amplia extensión y por un importante número de ganado caballar de monte, pueden haber muerto varias decenas de potros en este 2012. Algunas estimaciones acercan esa cifra al centenar.
La presencia del animal se nota con frecuencia de varias maneras. Por un lado, un vecino como Rubén Cortiñas, ganadero, afirmaba ayer que lo había visto la víspera: salió de su casa por la mañana para recoger algunas setas, y en una zona de pastizal vio pasar un animal a varias decenas de metros; no fue la única manera de apreciar su presencia, pues aseguró que otras veces, entre pinos, había encontrado pisadas del animal
Este joven ganadero tiene una cabaña ganadera de la que forman parte las reses caballares que habitualmente pastan en el monte. Este año sufrió la muerte de una joven yegua, aunque ni su caso fue el único ni resultó el más grave: a algún otro vecino de la parroquia, dijo, llegaron a matarle cuatro crías.
Manuel Rivas, primo suyo y ganadero con una explotación orientada a la producción de carne, no ha sufrido este año la muerte de ninguna de sus reses, aunque en otros sí sufrió esas consecuencias. Un lobo atacó a dos terneros, que sufrieron heridas aunque lograron reponerse. La madre de los animales se enfrentó con el lobo, y de ese choque salió tan dañada que acabó muriendo poco después. En este año, explica este ganadero, no hay constancia de que los ataques de lobo hayan diezmado la cabaña de ganado vacuno, que se alimenta de los pastos de la zona y que en algunos casos pasa gran parte del tiempo al aire libre; no obstante, en otros años podía considerarse que por cada 20 o 25 potros atacados por un lobo moría también un ternero.
Manuel Rivas lleva algún tiempo sin ver lobos de cerca, aunque eso no le impide apreciar su presencia con bastante frecuencia: explica que alguien que se fije bien cuando anda por el monte puede encontrar su rastro «todos os días». Su presencia parece más habitual: «Eles [los lobos] afanse a todo: aos coches, ás pistas e ao ruído dos eólicos», afirma.
Vecinos dicen que las huellas aparecen a menudo en diversas zonas