Veinticinco años de una aventura vecinal en O Couto

Patricia Blanco
patricia blanco CARBALLO / LA VOZ

FIRMAS

JOSE MANUEL CASAL

Algunos de los protagonistas recuerdan aquella inauguración de 1987

07 oct 2012 . Actualizado a las 11:23 h.

Labrada por Francisco Pérez, Chuco do Capitán, y diseñada por Agustín Bermúdez, la placa de fondo azul y letras de piedra que se ve a la entrada del recinto de la Casa dos Veciños de O Couto sigue conmemorando hoy en día la efeméride. El 4 de octubre se cumplieron 25 años de la inauguración del solar que alberga actualmente ese edificio propiedad de la vecindad, sede de cultura y de las muchas actividades que se organizan en esta pequeña aldea de Ponteceso. Por él lucharon y trabajaron sus habitantes. Aquella jornada de 1987 en la que el párroco Basilio Barizo bendecía el terreno y Manuel Lema, el hombre más longevo de la parroquia, descubría la placa, se convirtió en toda una fiesta. Un logro en un camino de aventura iniciado por los vecinos varios años antes.

Ayer, un cuarto de siglo después, algunos de aquellos pioneros, sentados en la zona de A Oliveira, al pie de la placa, recordaban los duros (y divertidos) inicios. Carmen Bermúdez, viuda de Manuel Mato (uno de los grandes propulsores de la obra), Xosé María Varela, Manuel Moreira, Vicente Suárez y Andrés Rodríguez son algunos de ellos. Esenciales fueron también Cándido Cancela o Francisco Mato, entre otros. En mayo de 1983 presentaban ante el Concello un escrito con firmas, solicitando la compra de un solar donde poder construir un lugar de reunión. No fue hasta 1986 cuando se acordó, en asamblea, pedir a cada vivienda una cantidad, dado que desde el ayuntamiento solo se concedería una parte (la subvención ascendió ese año a 400.000 pesetas). «Aquelas 5.000 que se pedían por casa había que gañalas coma agora», enfatiza Carmen.

No fue tarea fácil, pero la colaboración -en el lugar de O Couto había unos 100 hogares habitados- fue total. «Iamos pedindo polas portas, os sábados ou os días da semana contra a tardiña, e uns dicían que si, outros que xa verían... Pero ao ver que os primeiros ían dando, logo xa se animou todo o mundo», recuerda Manuel Moreira. ¿Por qué luchar para conseguir un terreno y construir un lugar de reunión? Él lo resume bien: «Porque había que pensar máis que no día, pensar nos netos, nos bisnetos...». Y aunque Carmen asegura que «o futuro é malo de saber», el pasado también tiene lo suyo. Con el solar ya comprado, tras múltiples peripecias, había que pensar en construir la que hoy es la Casa dos Veciños. Trozo a trozo, hora a hora. «Había que ir á pedra, facer todo á man... o que sabía de encofrar encofraba, o que sabía de electricidade, outro tanto...», dice Vicente. El que no podía ayudar con su trabajo, «mandaba unha caixa de cervexas» para los obreros. «Eramos tan tremendos ou máis ca os mozos de agora», intercede Manolo. Mucha inquietud. Entre todos se creó un espíritu de unión único, tanto que Xose María Varela califica aquellos años de esfuerzo como «os máis prósperos».

La compra del solar de que hoy es la Casa dos Veciños fue el primer gran paso