Una generación de granjeras último modelo en A Fonsagrada

benigno lázare LUGO / LA VOZ

FIRMAS

MANUEL

En Carballido hay tres explotaciones a cargo exclusivamente de mujeres

04 oct 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Como no son amigas de viajes ni de fiestas, las hermanas Marisol y Fina Fernández Gayoso utilizan su Lamborghini de más de cien caballos para hacer campo a través tirando de alguna pesada máquina. Son dos ganaderas fonsagradinas de Carballido que se bastan solas para atender una moderna explotación de vacuno de carne. No son rara avis ni siquiera en la parroquia, en la que hay una mujer que vive con sus padres y otra que vive con la madre, ambas al frente de sendas granjas de ganado en Llacín y Torviso.

Tras rematar el colegio, Marisol, de 45 años, pasó tres cuidando a un anciano en A Pontenova y otro trabajando en la cocina de la escuela de Carballido. Cuando se jubiló su padre, que ahora tiene 83, se quedó al frente de la explotación, que por entonces tenía alrededor de una decena de vacas y en la actualidad son tres veces más. Hace dos años, cuando aún vivía la madre, Fina dejó de trabajar como cocinera y también se quedó en casa, primero para ayudar a cuidarla y cuando falleció decidieron atender el ganado entre ambas.

En todos estos años, además de aumentar la cabaña hasta una treintena de vacas reproductoras, realizaron inversiones que, a vuelapluma, superan los 260.000 euros, incluida una vivienda, la nave de la granja y maquinaria. Sin embargo, dicen que ahora los ingresos no se corresponden con lo que cuesta todo. «Hai 30 anos, meu pai vendeu dous xatos moi bos por 500.000 pesetas (3.000 euros), e agora nós acabamos de vender un, tamén bo, por 1.430», puntualiza Marisol. Sin embargo, dice que un saco de pienso costaba 600 pesetas (3,61 euros), y ahora, 15 euros más IVA. En la misma o en mayor proporción aumentó el precio del gasoil, al que destinan unos 2.000 euros al año, y el de los fertilizantes.

En el libro de cuentas de las hermanas Fernández Gayoso no figura la mano de obra, porque en ese caso el balance quedaría más desequilibrado que el del Estado. Se levantan a las siete y media para que el niño de Marisol pueda llegar a tiempo al colegio de A Fonsagrada; a las nueve ya están atendiendo al ganado y, con la pausa para la comida, que cocina Fina, la jornada remata con la luz del día en verano y sobre las ocho y media, en invierno.

tampoco el campo es solo cosa de hombres