Las unidades de cuidados paliativos de los hospitales gallegos tratan de «buscar calidad de vida del paciente, pues de la cantidad de vida se ocupan otras especialidades. Nosotros pretendemos no disminuir el tiempo de vida ni aumentar tampoco la agonía», afirma Luis Masa, coordinador de la de Santiago, situada en el Hospital Gil Casares. Hoy se celebra el día internacional de esta asistencia.
-¿Son estos cuidados el final de la vida?
-Ahora se recomienda iniciarlos cuando se diagnostica una enfermedad que se presupone que va a ser, con los métodos actuales, incurable, progresiva, y que va a llevar a la persona hacia una muerte próxima. Estos cuidados tienen una carga diferente, según el momento de la evolución del enfermo. Controlan sus síntomas físicos y psicológicos, y se ayuda a su familia.
-¿Dónde se atienden más casos, en el hospital o en el domicilio del paciente?
-Según pierden efectividad otros tratamientos, aumentan los cuidados paliativos, y en situación muy avanzada pueden requerir el ingreso en una unidad específica. Las hay en las siete grandes ciudades gallegas, y en hospitales comarcales disponen de equipos de soporte. Además, las unidades de hospitalización a domicilio también ofrecen cuidados paliativos en el domicilio. En Santiago atendemos una cantidad parecida, quizá algo más en la unidad específica que en domicilios. También participa atención primaria.
-¿Qué es lo que se palía?
-La mayoría de nuestros cuidados en el hospital son aún para pacientes con cáncer, y en el domicilio hay más pacientes no oncológicos. La tendencia es que aumenten más los casos de no oncológicos. Tratamos síntomas para que nadie tenga dolor, que es algo que hoy se puede conseguir; otros síntomas físicos, y la inquietud, agitación, delirio; síntomas psicológicos que se asocian a la situación clínica del final de la vida; y tratamos además a los familiares.
-¿Por qué cree que aumentarán los pacientes no oncológicos?
-Cuando el personal de atención primaria se incorpore más, es de esperar que crecerán los paliativos no oncológicos. Entre ellos, procesos degenerativos, sobre todo alzhéimer; esclerosis lateral amiotrófica, párkinson muy avanzado, y otras muchas enfermedades crónicas progresivas e incurables como las hepatopatías o enfermedad renal crónicas, cirrosis hepática al final de la vida, la aquí muy frecuente enfermedad pulmonar obstructiva crónica, siempre en fases avanzadas. Lo normal es que estos pacientes, a medida que avance su mal, tengan cuidados paliativos más complejos.
-¿Mejoran los pacientes?
-Nuestra atención no va dirigida a curar nada, pero sí a aliviar todo. Evitamos el sufrimiento total: físico, psicológico, social, incluso familiar. En la unidad del hospital, el 30 % se van de alta domiciliaria con control y la mejor vida posible.
-¿Participa mucho atención primaria?
-Se impartieron muchos cursos los dos últimos años a personal sanitario y trabajadores sociales de primaria, y se creó en Galicia la figura del médico referente de atención primaria en cuidados paliativos. En el área de Santiago, en la mayoría de los centros de salud hay ese profesional, y tenemos un estrecho contacto con ellos. Tienen un papel muy importante. Y va a ser más, porque se tiende a paliar cada vez más cosas.
-¿Nota algo en falta?
-En Santiago trabajamos en esta atención médicos internistas, de familia y una radioterapeuta, además de psicólogos, personal de trabajo social, de enfermería y celadores, y está integrado el 061. Sobre todo se agradecería más contacto con oncólogos y con otros especialistas.
luis mAsa coordinador de cuidados paliativos en santiago
«Nuestra asistencia no es para curar nada, pero sí para aliviar todo»