En las tardes de septiembre, los puestos de frutas de la plaza de abastos de Marín dan paso a un escenario completamente diferente en este espacio multiusos. Hay algarabía, pero es la que forman los chavales que apuran los ensayos para la Danza das Espadas, el baile con mayor arraigo de Marín que se volvió a celebrar ayer en la jornada dedicada al patrón de la localidad, San Miguel.
Este año son 55 los pequeños que ensayaron bajo la batuta de Antonio Caíña, uno de los tres profesores que coordinan la escuela de danza del Padroado San Miguel, y que también participa bailando en esta fiesta desde hace dos décadas.
«En mi caso, me metí cuando tenía cinco o seis años, aunque no bailé en la fiesta hasta más tarde -explica Caíña-. Empecé con mi hermano, pero luego él lo dejó. Me gustó, y tuve de maestro a Francisco José Abal, que fue quien nos enseñó a todos los mayores. No sé explicar por qué me atrajo, es algo que llevo dentro».
Aunque afirma que disfruta danzando -el pasado año recibió la medalla de oro del patronato por sus veinte años en la tradición y en otras ocasiones también ha hecho de guía-, dice que quizá todavía lo hace más «en segundo plano», viendo a sus pupilos, que durante el invierno practican semanalmente en las instalaciones que les cede la Escuela Naval y estos últimos días cada tarde en la plaza de abastos.
«Llega el día y lo vives como el primero, pero lo pasas tan bien viéndolos a ellos... Están todos tan ilusionados, y llevan todo el año dando el callo...», comenta. «Luego llega el día y sale siempre todo perfecto, no hay que decirles nada», sonríe.
Trescientos cofrades
El Padroado San Miguel se formó dentro del Ateneo Santa Cecilia, aunque en la actualidad funciona de forma independiente y cuenta con más de trescientos cofrades. Además de la escuela de baile para niños, funciona también un grupo de mayores, en el que baila Antonio, que solo ensaya dos o tres veces al año «porque ya llevamos mucho tiempo juntos, una media de diez años».
Su afición la comparte también con su mujer, Natalia Moreira, que colabora igualmente en el centro. Y subraya que «a pesar de los tiempos que vivimos nosotros estamos creciendo», de forma que esta tradición tiene el presente y el futuro asegurado en Marín. De hecho, en los distintos grupos bailan padres e hijos.
«Este año tenemos récord de bailarines, 55 en niños y 45 en mayores y también el mismo número en otro grupo que hay de veteranos -explica-. Y hay que sumar los cinco gaiteiros por cada grupo. La escuela la creamos hace tres años para que la danza continuase y tuviese vida a lo largo del todo el año. El primer curso tuvimos veinte alumnos, el segundo veinticinco y este ya 55». Muchos de ellos se apuntan el mismo día de San Miguel, justo al acabar la celebración y Antonio subraya que aunque hay otras Danzas das Espadas en la provincia pontevedresa, probablemente la de Marín es la de «mayor tradición» y tirón.
En años anteriores, los danzantes -en el caso de los hombres, visten de blanco y fajín rojo y en el de las mujeres de blanco y azul- también acudían a otras localidades para exhibir este baile. «Fueron las mejores experiencias, nos trataban fenomenal, y la gente alucinaba con el baile; sobre todo con las figuras», añade este marinense.
Antonio Caíña Fortes
28 años
Técnico de instalaciones. Además, es uno de los bailarines y profesor de la escuela de baile del Padroado de San Miguel de Marín que imparte las clases de la Danza das Espadas
La plaza de abastos de Marín, el lugar donde ensayo con los niños de la escuela el mes de septiembre para preparar la Danza das Espadas.