Humanícese usted

FIRMAS

Si yo perteneciera a algún colectivo ciclista, le regalaría a la persona que rige mi ciudad, hombre o mujer, en este caso, caballero, una bicicleta. Si formase parte de un grupo ecologista preocupado por el medio ambiente, obsequiaría al alcalde con un buen árbol al que arrimarse para que buena sombra le cobije. Y para que eso ocurra, nada de arbustos enanos, un buen ejemplar de roble, por ejemplo. Y si fuese amante de los perros, pues también pensaría en ofrecerle una fiel mascota que cada día se volviese loco de contenta al verle regresar a casa tras esas duras y maratonianas jornadas solucionado los problemas de los vigueses.

Con estos tres elementos, la persona en la que hemos depositado nuestra confianza para que se ocupe con diligencia de la gestión de nuestra ciudad, sabría por fin cómo se sienten miles de sus vecinos. Sabría que con la bici que le han regalado es harto complicado andar por Vigo porque no hay por dónde ir. Sabría que su perro está estresado y es muy infeliz porque no puede correr y que su dueño también se siente igual, ya que si lo suelta, la Policía Local le multará gravosamente y ya es de noche para ir al parque de A Pontenova para que se explaye. Y sabría también que los árboles que estaban en su calle, de repente ya no están porque a alguien le molestan. Porque aunque no lo crea, anchear aceras y alfombrar de piedra el horizonte no es suficiente para colmar de bienestar a sus administrados. Si yo tuviera la suerte de tener un alcalde que tiene perro, como lo tienen por tradición todos los presidentes de los Estados Unidos; si se recorriera de vez en cuando su ciudad en bici, como muchísimos políticos europeos; o si en vez de cortar árboles, los plantara, entonces sí creería que Vigo ha sido humanizado y que su cabeza visible, es el ejemplo claro de que así ha sido.

begona.sotelino@lavoz.es