Ay, qué pena...

FIRMAS

19 sep 2012 . Actualizado a las 11:40 h.

Todavía le duele que Iker Casillas y compañía no se parasen a saludar y repartir besos y abrazos entre sus fans locales. Con el reciente paso de la selección española por Vigo, las redes sociales se convirtieron en un paño de lágrimas virtual para fans despechados/as tras ser ignorados/as por los mejores futbolistas del planeta Tierra (al menos, hasta el próximo mundial).

Algunos de los seguidores vigueses sí consiguieron algún segundo de atención por parte de esos multimillonarios deportistas a los que tanto admiran, pero la mayoría se llevaron un gran chasco tras haber constatado que las estrellas del balón los desdeñan. Sin embargo, la verdadera pena de todo este gran drama es otra cosa. Lo triste es que sean los ídolos de miles de niños y mayores, que miles de ciudadanos tengan la más mínima sensación de desdicha por no poder acercarse a unos seres cuyos méritos son... hacer malabares con una pelota.

En muchos casos, los niños son alentados y empujados por sus padres en ese tipo de reverencia un tanto demencial. No son los mismos que protestan por la subida del IVA en espectáculos, conciertos, teatro o cine. No se les ha visto manifestarse ni por vía virtual ni en la calle por el cada día más costoso acceso a la cultura de ellos mismos y sus proles. Y seguramente les parezca carísima una entrada de cine, pero pagan lo que sea por un asiento en la grada. Cuando adoras a alguien que encarna la cultura del pelotazo, aunque sea en calzones, con mucho dinero, escaso gusto y limitada formación, pasa lo que pasa. Que el ídolo se va pasando olímpicamente, tan olímpicamente como pasaron por la selección española de fútbol las medallas de Londres, mientras los metales se los llevaban otros deportistas -mujeres en su mayoría, por cierto-, que nadie apoya. Eso sí que da pena.

begona.sotelino@lavoz.es