Son días de listas y de listillos. De listas electorales para el Parlamento de Galicia y de listillos («persona que tiene habilidad para ver con rapidez lo que le conviene y sacar provecho de ello») que buscan integrarlas. De éstos, el más notorio es Mario Conde que ayer deshojó la margarita de si optaba a la Xunta de Galicia por su Pontevedra natal (como así será) o por su Ourense de adopción. El exbanquero que ahora quiere redimir a Galicia en su camino hacia Madrid fue en los años 90 el máximo abanderado de un estilo, el de los nuevos ricos, el de los pelotazos, el de la especulación, el del endeudamiento. En ese anhelo de muchos de ser como Mario Conde germinó la situación de bancarrota que hoy padecemos. Y es paradójico que la persona que estuvo años en la cárcel por la ilegalidad de sus acciones, se presente ahora como la solución a unos males que él, listillo donde los haya, fue el primero en propiciar. En cuanto a las listas, esta semana le tocaron a las del Partido Popular. Se presentaron en un clima de normalidad. Ni una disensión. Ni un rifirrafe. Ni una factura por el congreso del 2010. Vencedores y vencidos unidos en una lista como si la lucha fratricida no hubiese existido. Todos los aspirantes ya habían figurado en otras candidaturas que, entonces sí, las decidía el expresidente José Luis Baltar Pumar. Su sucesor no quiso experimentos ni pulsos estériles. La confección de la candidatura demuestra la madurez de José Manuel Baltar Blanco, un líder con aspiraciones de largo recorrido que optó por unir y no por disgregar.
La frase. La dijo Pachi Vázquez el viernes en Vía V, el programa de V Televisión que de lunes a viernes, y de 21 a 23,30, dirige y presenta la periodista ourensana Fernanda Tabarés. Cuando ésta le preguntó si los diputados debían cobrar, soltó: «Eu son diputado, teño tres fillos, vivo e teño que vivir de algo, ¿non? ¡Pódome por a pedir a porta do Parlamento pero tampouco o vexo!». Resulta que quien acumuló importante patrimonio como empresario de la sanidad privada pretende trasladar a la opinión pública que tiene que cobrar (o hacer de pedigüeño en Santiago) para sacar adelante a sus hijos ocultando que éstos no van a la guardería sino que forman parte de sociedades anónimas del entramado económico-sanitario del candidato del PSOE a la Xunta.
El ejemplo. El que dio el alcalde de Xinzo al encomendar el seguimiento de las obras públicas a un jubilado que se dedicará a este menester sin cobrar un euro. Es una forma inteligente del regidor de poner en valor la sabiduría acumulada a lo largo de los años, de romper con la creencia de la sociedad de que un jubilado es un estorbo, un parásito que consume fondos públicos. Ojalá cunda el ejemplo y los políticos, en lugar de dilapidar miles de euros en puestos de asesores para sus amigos, se rodeen de jubilados como el de Xinzo de Limia, que aportan felices su trabajo sintiéndose útiles a la comunidad.