El alemán Andreas Gabriel, de 43 años, recorre el continente en un catamarán-piragua viviendo de la generosidad de todos aquellos con los que se encuentra
14 sep 2012 . Actualizado a las 06:00 h.Andreas Gabriel, un ciudadano alemán de 43 años (parece que tiene más) rodea desde hace meses Europa sin dinero. No, no es que recorra un continente más pobre, que eso también, sino que lo navega en su contorno, por ríos, canales y mares, sin llevar blanca, viviendo de la generosidad, la bondad e incluso la caridad de todos aquellos con los que se encuentra. Desde aquellos amables portugueses que le cedieron un motor para su curiosa embarcación, hasta el fotógrafo que lo invitó a una cerveza con la que eliminar el sabor a sal, durante su escala de esta semana en Camariñas, camino del norte, de vuelta a casa.
En medio, todo lo imaginable: comidas, vestimenta, accesorios... La de Andreas es una enorme aventura en un doble sentido: la personal de fondo, que es la más importante, empujada por su lema «solo hay una vida, y tienes la oportunidad de vivirla», y la diaria de la forma, a bordo de un curioso catamarán formado de dos piraguas, que se mueve con remos, velas y ese pequeño motor regalo de unos lusos.
Andreas comenzó a viajar hacia hacia el sur de Europa, desde el norte alemán (nació relativamente cerca de Hamburgo), cruzando ríos y canales desde el 2 de mayo del 2011, hace 16 meses, pero no han sido continuos, porque entre noviembre y abril evitó el invierno con una larga parada en Italia. Bajó hacia el mar Negro, pasó por Estambul, el mar de Mármara, las islas griegas. Mikonos, Corfú, Tarifa... Siempre a ras de costa, sin saber cómo sería el día siguiente, confiando en el ser humano. «Ya sé que mi viaje resulta increíble, pero la gente es muy bondadosa. Yo lo estoy viendo ahora y ya lo veía antes en otros desafíos», explica, y remite a su web, http://www.der-mit-dem-wind-faehrt.de/, en la que en efecto aparece Andreas a bordo de ingenios con velas y sobre ruedas, además de documentar el inicio de su actual aventura. «Cuando empecé, mis amigos me decían que lo que iba a hacer no sería posible, pero les demostré que sí lo es», detalla. Antes de meterse en esta vida, hace ya once años, tenía una que define como «normal», pero un día decidió darle un giro. Tiene familia y lo apoyan, dice. Reconoce que es un hombre «muy afortunado», porque de momento no ha tenido mayores problemas. Andreas no sabe aún cuando estará de vuelta en casa, «entre octubre y noviembre». Cuando llegue, escribirá dos libros, uno sobre la aventura, de unos 15.000 kilómetros, y «otro sobre cómo es posible viajar sin dinero». Lo segundo tendrá más éxito.