La victoria del jabalí lo cambia todo

Marcos Gago Otero
marcos gago MARÍN / LA VOZ

FIRMAS

RAMON LEIRO

La devastación del cerdo salvaje en los maizales ha modificado los cultivos en O Morrazo

09 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El jabalí ha vencido. Los agricultores han probado de todo. Los espantapájaros son inútiles para estas bestias. Perros atados en las esquinas de las fincas, hogueras en las lindes de los maizales, candiles encendidos en los caminos, pelo humano esparcido entre las varillas, y en la vecina Meiro, en Bueu, incluso música alta de radio -preferentemente rock and roll- y despertadores programados para sonar durante la madrugada se han demostrado métodos inútiles. Los vecinos han llegado a la convicción de que ahuyentar a los jabalíes es misión imposible y desisten, entonces, de plantar sus fincas.

Hartos y desamparados por las Administraciones, los pequeños agricultores y vecinos de San Tomé de Piñeiro, en Marín, han tirado la toalla. Esta parroquia marinense, paradigma de otras muchas a lo largo y ancho de la provincia, se ha visto forzada en los últimos veinte años a modificar los cultivos de sus fincas. O peor aún, a no trabajar la tierra en absoluto.

Abandono acelerado

Los cálculos son estremecedores y revelan el impacto que el jabalí está teniendo en los montes de O Morrazo, acelerando el abandono a monte de las parcelas y creando problemas monetarios para las economías caseras, muchas de ellas golpeadas por una crisis que en esta comarca no para de alimentar la lista de desempleados.

En la década de 1970, un tiempo que muchos afectados califican como anterior «á solta dos bichos», solo en San Tomé se plantaban hasta 200 hectáreas de maíz. «O millo era un monocultivo. Na nosa zona agraria, aparte do gando, o millo era o noso principal activo», explica Agustín Pazos, vecino de Cernello y ex dirigente de la junta de montes. Con la perspectiva que da el paso del tiempo y con la experiencia acumulada al estar más de 15 años al frente de los vecinos, Pazos ha visto cambiar literalmente el color de los campos. El maíz se está convirtiendo en un cultivo casi anecdótico.

Los agricultores de O Morrazo revisan ansiosos cada mañana sus fincas de maíz según avanza el verano y van madurando las espigas. Finales de agosto y principios de septiembre es un momento delicado. El maíz está en su punto para los jabalíes, que bajan desde sus escondites en el monte y devastan, literalmente, finca tras finca. No hay sistema efectivo para espantarlos.

Demanda en las agrarias

El descenso de plantaciones de maíz en los campos no es solo perceptible con un sencillo recorrido por la parroquia, donde este cultivo casi únicamente se puede ver en las pocas parcelas valladas.

En las empresas agrarias también se nota y mucho. Marcelino Ares, propietario de una de estas empresas, explicó que si hace seis años vendía 20 toneladas de maíz de siembra en sus tres establecimientos en Seixo (Marín), Ribadumia y Moraña, ahora apenas llegan a tres o cuatro. Esta caída es proporcional al aumento del consumo de maíz para los animales.

La proliferación de jabalíes, curiosamente, no tiene su traducción en un aumento de las capturas de los cazadores. Es un animal escurridizo. «Con que queden tres ou catro femias xa temos lío para as veigas o ano seguinte», apuntó Eugenio López, uno de los cazadores de San Tomé.