Los promotores de la mina de Corcoesto esperan el plácet de la Xunta para arrancar un proyecto que lleva quince años gestándose
09 sep 2012 . Actualizado a las 06:00 h.Un lingote de oro convencional, de los que se ven en las películas, tiene un volumen de un litro y un peso de veinte kilos. Son de una pureza del 99 % y, de acuerdo con su última cotización, costaría más de 850.000 euros. Uno como esos saldrá de Corcoesto a finales del 2014. Nuevecito, extraído de las entrañas de una montaña que ya explotaron los romanos, pero que ha ido adquiriendo brillo a medida que el precio del oro se multiplicaba.
La fecha de referencia, 2014, responde a los cálculos de la empresa Edgewater Exploration, una firma canadiense que en su día absorbió a la anterior propietaria de la concesión, Río Narcea Gold Mines. Y esos plazos son los mejores posibles, porque el proyecto tiene que superar aún la última fase: la autorización de la Xunta y la financiación necesaria para cubrir una inversión inicial de 110 millones de euros.
Esta misma semana, Edgewater remitió las respuestas a las últimas alegaciones presentadas al expediente. Feijoo ya manifestó el interés de la Administración en el proyecto, catalogándolo de estratégico, pero la inminente cita electoral podría retrasar la autorización definitiva del proyecto que es, a su vez, la pieza clave para acceder a la financiación necesaria para ponerlo en marcha: «Si no hay retrasos, podríamos arrancar en el segundo trimestre del año que viene», asegura Lluis Boixet, el gerente de Edgewater en España.
Boixet lleva casi 15 años trabajando sobre Corcoesto, estudiando su perfil, sondeándolo, calculando. Por fin, el proyecto está en el disparadero, en su última estación. Según el desarrollo previsto, la aprobación pondría en marcha el proceso de adquisición de los terrenos a sus propietarios y la construcción de la planta de transformación, la infraestructura más compleja y más cara. En esa planta entrará todo el material arrancado a la montaña: por una parte saldrán los escombros, por la otra, el oro. En el momento de mayor actividad en la construcción de la planta, la empresa ofrecerá alrededor de 500 empleos; cuando la producción se estabilice, funcionará con 271 trabajadores.
La transformación
La explotación del oro de Corcoesto transformará la zona. Se abrirán cuatro huecos a cielo abierto y se habilitará una balsa de vertidos. Además de la planta de transformación, Edgewater construirá o acondicionará una red de viales. Por supuesto, el proyecto contempla un plan de recuperación, con el relleno de tres de los huecos con los inertes sobrantes del proceso y el cuarto con agua. La empresa plantea la regeneración con praderías y bosque autóctono. Ese será el capítulo final del plan que contempla la extracción de un millón de onzas de oro puro, la cifra mágica sobre la que pivota todo el proyecto y que supone aproximadamente unas 28,5 toneladas.
«En realidad, todo el oro que pensamos sacar cabría debajo de esta mesa», dice Boixet, señalando su espacio de trabajo. No parece mucho, pero a precio de mercado estaríamos hablando de unos 1.200 millones de euros, algo menos del 10 % de la inversión inicial que necesita Edgewater para arrancar: «A partir de ahí, entendemos que podríamos continuar con nuestros propios recursos», concluye el gerente.
El oro de Corcoesto servirá también para financiar otros proyectos de la empresa en Ghana, donde los resultados son prometedores, pero insuficientes. En Cabana, tras centenares de sondeos, las muestras ya avalan la viabilidad del proyecto. El oro que no pudieron sacar los romanos está listo para entrar en el mercado