«A sociedade nunca debe perder a visión da solidariedade»

Bea Costa
BEA COSTA VILAGARCÍA / LA VOZ

FIRMAS

Guillermo Rodríguez lleva una década en una oenegé en Nicaragua

08 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El habla de Guillermo Rodríguez es un perfecto ejemplo de la simbiosis entre culturas y países. Habla gallego con un marcado acento latino y salpicado de guiños léxicos del castellano sudamericano. Es meañés de cuna pero lleva once años en Nicaragua, y se nota. Se fue en el año 2001 con una beca. «Ofrecéronme traballo como representante de proxectos de cooperación internacional para Amigos da Terra e en decembro de 2002 empecei a traballar». Desde entonces no ha parado.

Actualmente tiene una docena de proyectos entre manos dirigidos a generar alternativas económicas en zonas protegidas que sean compatibles con la conservación del medio ambiente. El más importante es el que se desarrolla en el golfo de Fonseca, que abarca territorio de Honduras, Nicaragua y El Salvador, y consiste en la conservación del mangle, un ecosistema de las zonas tropicales. Pero hay otros como el de la homologación de las vedas en los tres países, la solicitud ante la Unesco de una reserva de la biosfera en el golfo de Fonseca, la conservación de la tortuga marina o la puesta en marcha de mesas de concentración.

La escuela del albariño

«Trátase de fomentar o cooperativismo, o manexo das finanzas e que acopien en vendas en bloque.., queremos facer o que se fixo aí, por exemplo, co albariño, que os pequenos produtores se organicen. Queremos prover a parte das actividades tradicionais, innovar e fomentar novas alternativas económicas como explotar o turismo en torno á tartaruga e a crianza de peixes en xaula».

Guillermo se ha instalado en Nicaragua de forma «casual» y a día de hoy no se plantea marcharse a corto plazo. En la oenegé tiene perspectivas laborales, al menos, para dos años más, calcula, y en Managua se encuentra a gusto. «Con 23 anos dache igual durmir nunha hamaca..., non, non me costou moito á adaptación e co paso dos anos vaste asentando», señala. Por supuesto, lo más «duro» fue separarse de la familia y de su entorno pero con los años se acostumbra uno y la distancia se lleva mejor. Sigue en contacto con la realidad de Galicia y España por de Internet, bien sea a través de los medios de comunicación o de las conservaciones familiares. Y una vez al año, por Navidades, suele volver a su casa de Meaño donde tiene oportunidad de reencontrarse, además de con los seres queridos, con el paisaje, con las tapas de jamón serrano y el placer de irse de vinos. «Cando chego a Madrid, ao aeroporto, o primeiro que fago é pedir un bocadillo de xamón serrano, aínda que é unha estafa», comenta. ¿Qué ocurre, no hay vino en Nicaragua?, le preguntamos. «Non é o mesmo. E que tomarse un viño ten tamén unha connotación social, aquilo de sentarse á mesa cuns pichos..., é igual que se tomas un ron alá, tampouco sabe igual». «Cando viñeron meus pais fóronse contentos porque eles pensaban que as condicións nas que se vivía aquí eran moito máis difíciles. Hai bastante seguridade cidadá e non hai secuestros nin roubos. O que pasa é que as novas que chegan a España de países como Nicaragua sempre son relacionadas con traxedias e conflitos, e iso non está apegado á realidade. Pasan tamén cousas moi boas». Y las oenegés tienen mucho que decir al respecto.

«Alguns utilizaron con mala intención as trastadas que fixeron un par de organizacións para tratar de desprestixiarnos. Estamos outros que estamos facendo as cousas ben, provocando un cambio de vida na xente. A sociedade nunca debe perder a visión da solidariedade», señala Guillermo.