Hasta finales de los 80, los arenales carecían de socorristas
16 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Durante las dos últimas décadas, la afluencia de bañistas a las playas de la comarca se ha visto notablemente incrementada. Este aumento de usuarios ha ido parejo a la mejora de los propios arenales, que han sido dotados de diversos servicios. Uno de los fundamentales es, sin duda, el de socorrismo. No hay que ir muy lejos en el tiempo para llegar a la fecha en la que los hombres de naranja no formaban parte del paisaje estival en el litoral barbanzano. De hecho, La Voz informaba el 16 de agosto de 1989 de la entrada en funcionamiento de este servicio en uno de los arenales más peligrosos de la zona, el de O Vilar.
Si bien es cierto que ya el año anterior había habido vigilancia en la playa, a cargo de miembros de la Cruz Roja, en ese momento nacía el servicio de socorristas propiamente dicho, sufragado entonces por el Ayuntamiento ribeirense. En la noticia se reflejaba que eran cuatro las personas, «todos ellas, expertas nadadoras», las que se encargarían de atender las posibles incidencias en el arenal.
Pese a que O Vilar fue una de las primeras playas de Barbanza en contar con un servicio de socorrismo, Noia fue el municipio pionero, pues ya tenía equipos de la Cruz Roja destinados a este fin en 1987. El servicio se extendió a buena parte de la comarca a comienzos de la década de los noventa, con la implantación del plan Sapraga, coordinado por la Xunta de Galicia.
Fue entonces cuando se dotó a los distintos servicios de socorrismo de material indispensable para llevar a cabo su labor, desde chalecos, megáfonos o prismáticos hasta lanchas. De hecho, en la imagen que ilustra la información publicada por La Voz tal día como hoy, en 1989, aparece, tras los tres vigilantes de la playa, una tienda de campaña, que era el elemento que servía de sede a los intrépidos socorristas.