El guionista Javier Viana forma a futuros talentos del cine en el original chambo de El mercado de la tía Ni
12 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Mientras las televisiones recortan producciones y el cine vuelve a ser un erial, hay profesionales que buscan nuevas fórmulas. Es el caso del periodista y guionista Javier Viana que, con su marca Audiovisuales a pedales, lleva tres años educando a los niños en el lenguaje de las imágenes. Lo hizo en colegios y centros culturales. Y lo hace ahora en El mercado de la tía Ni, el original chambo y centro cultural que la fotógrafa y editora Nieves Loperena fundó hace un año en un chalé en la recta de Sabarís.
«El sector audiovisual está como está, con las teles reponiendo Curro Jiménez y El Hombre y la Tierra -reconoce Viana-, así que había que inventar una salida profesional». Así se decantó por la educación, a través de talleres. Hoy no le faltan alumnos.
Cinco chavales de entre ocho y doce años seguían el lunes las clases del profe. El taller se desarrolla en cuatro días, a razón de tres horas diarias, por las mañanas. Y, aunque parezca poco, los niños terminan grabando y editando sus propios cortos y haciendo animaciones foto a foto, con la técnica de stop motion.
«Utilizamos cacharros domésticos, el material que cualquiera tiene en casa: una cámara de vídeo o de fotos, un ordenador y una conexión a internet-explica Viana-. Lo importante es que conozcan que existe un lenguaje de las imágenes y que se puede hablar en audiovisual, algo que no se les enseña en los colegios».
Cuatro días de clases dan incluso para especializarse. Los alumnos pueden elegir entre ser técnicos o artistas. Unos dominarán los equipos y otros, el guión y la realización. «Y, curiosamente, los niños mayoritariamente eligen ser técnicos y las niñas, artistas», observa Viana.
Los chavales escriben sus propios guiones y ruedan con los medios que tienen cerca. El lunes, aprovechando que la recta de Sabarís está en obras, grababan una pieza sobre la sonda marciana Curiosity, con las excavadoras convertidas en naves alienígenas. Viana, que en su día interpretó al inspector Tomé en el Xabarín Clube, reconoce que los niños tienen un talento especial: «Son guionistas natos y sus historias siempre te sorprenden».
A la creatividad ayuda el entorno, el alucinante chalé de El mercado de la tía Ni. Combinación de negocio alternativo y centro cultural, en este caserón diseñado en 1948 por Gómez Román casi todo está en venta, incluidas las lámparas del techo. «Si tienen etiqueta es que se venden», resume Nieves Loperena, responsable de este formidable chambo. En sus habitaciones puede encontrarse casi de todo, desde una vieja vietnamita, aquellas imprentas domésticas que permitían publicar panfletos durante la dictadura, hasta instrumentos musicales de todo tipo, de bandoneones a guitarras, pasando por violines y arpas. Hay, también, esculturas, de artistas reconocidos como Pedro Sardiña o Claudio Maseiro. Y cachivaches diversos: muebles antiguos, una máscara antigás, una radio de campaña, gramófonos, cómics... y, sobre todo, libros.
Cada estancia de El mercado de la tía Ni está dedicada a un tema bibliográfico: historia, literatura, biografías, poesía, erótica... Y los ejemplares pueden comprarse sueltos o incluso al peso, por unos seis euros el kilo. Además, hay un «Hospital de cosas», habilitado en la cocina, donde cualquiera puede dejar un objeto averiado y Loperena se encargará de buscar a un técnico o restaurador para que la repare.
«Cuando daba los talleres en colegios no tenía ni la mitad de recursos que aquí», reconoce Javier Viana. El propio chalé es en sí mismo cinematográfico. Hasta el próximo septiembre, Audiovisuales a pedales seguirá formando en Sabarís, con la Tía Ni, a futuros talentos del cine. Merece la pena acercarse, aunque solo sea para ver y vivir en vivo esta alucinante burbuja de originalidad.