Los ladrones destrozan árboles para llevarse las tapas metálicas

x.r. santiago / la voz

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XOÁN A. SOLER

Urbzanizaciones paralizadas como A Muíña padecen esas acciones

08 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Tras las vacas gordas llegaron las flacas y la actividad inmobiliaria aflojó al máximo. Las viviendas se construyen a cuentagotas o, a veces, se quedan meses y meses paradas, como en Cornes o en Castiñeiriño, por efecto de las crisis empresarial. O en el Paxonal. Son imágenes de abandono en el que, además de no emerger los edificios que ofrecerán habitabilidad y vitalidad a las zonas, lo urbanizado se convierte en pasto del deterioro y el gamberrismo.

Un ejemplo es lo que acontece en A Muíña. Es uno de los grandes suelos que, de manos de la sociedad Emuvissa, han aflorado en los últimos años en la ciudad. El objetivo: transformar esa pieza de la ciudad con 414 viviendas, infraestructuras urbanas y equipamientos.

Las viviendas llevan un ritmo renqueante, ya que únicamente se alza la tercera parte de los once bloques previstos. Pero la urbanización ya está hecha.

Pero claro, como está terminada y no hay vida en el entorno, pasa lo que pasa. La prolongada calle que discurre desde San Lázaro (en las inmediaciones del establecimiento comercial Santos) hasta el polígono, además de padecer las consecuencias de las obras y el tráfico de camiones, fue un día asaltada por unos vándalos. En la rúa, asfaltada, con aceras, contenedores subterráneos y mobiliario urbano, fueron plantados cerca de un centenar de árboles de distintas especies. Los asaltantes citados, a hachazo limpio, cortaron todos los árboles por la mitad. Actuaron a placer y con despreocupación.

¿El objetivo? Los pies metálicos o cubrealcorques. Los ladrones se apoderaron de unas setenta tapas metálicas de los alcorques y se alejaron con ellos en un vehículo tras tras dejar otras tantas estacas arbóreas clavadas. Muchas de ellas, con el tiempo, han vuelto a echar brotes en torno al tronco abruptamente cortado por los machetazos. Otras han secado. De los alcorques desnudos salen hierbajos muy elevados.

Aunque no ha producido un robo tan masivo como en A Muíña, la sustracción de cubrealcorques es un problema reiterado en distintos puntos de la ciudad, según aclara el gobierno municipal, quien apunta que hechos de ese tipo han ocurrido en Vite, Santa Marta y otras zonas. Pero no solo desaparecen tapas de alcorques, sino también sumideros. Son miles de euros los que la Administración pierde con estos robos. Según explican en Raxoi, todos esos elementos serán luego fundidos por los cacos.

Los alcorques llevan cobertura metálica habitualmente en las calles urbanas con tráfico peatonal intenso «onde o espazo é limitado e desta forma gañamos rúas e evitamos accidentes», señalan los gobernantes locales. En el rural «pola, propia configuración do espazo, non son necesarios». Hay, no obstante, lugares del ámbito urbano que por determinadas circunstancias no son necesarios, como en la rúa do Home Santo. O sencillamente por baja intensidad peatonal.