Paulatinamente, los concellos restringieron las zonas de acampada
03 ago 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Aunque el proceso fue lento y en algunos casos estuvo rodeado de polémica, los concellos de Barbanza consiguieron poner coto al campismo libre. De hecho, el panorama que La Voz retrataba el 3 de agosto de 1988 dista mucho del actual. Por aquel entonces, y pese a que ya se encontraba en vigor la prohibición de acampar libremente a nivel nacional, buena parte del litoral barbanzano estaba literalmente tomado por tiendas. Tanto era así que, solo en el entorno del arenal boirense de Mañóns podían verse más de un centenar de instalaciones.
El campismo libre se practicaba incluso en zonas de alto riesgo a nivel ecológico, como el espacio comprendido entre la playa de O Vilar y las dunas de Corrubedo. Con el paso de los años, la presión ejercida sobre todo por los hosteleros llevó a los concellos a poner coto a esta práctica.
Aún así, hace pocos meses aún era habitual encontrar campistas en enclaves tan importantes como el entorno del castro de Baroña. En agosto del año pasado, la Xunta tuvo incluso que recurrir a una orden de desalojo para despejar la zona. El Concello sonense optó entonces por imponer sanciones para poner fin al campismo libre.