Tics franquistas

Gerardo González Martín TRIBUNA

FIRMAS

Tics, lo que se dice tics franquistas, los podemos tener usted y yo, que es una herencia-vivencia que no se borra fácilmente, sobre todo los que hemos compartido la suerte de llegar a septuagenarios para vivir prácticamente el mismo tiempo en democracia que en dictadura. Y que nacimos en un mundo de hambre que dista de conocerse en el Vigo en crisis, incluso en nuestros concurridos comedores sociales.

Yo no tengo pudor en confesar mi ribete de machismo en las labores domésticas, que apenas sé y apenas practico más que recoger la mesa, tirar la basura y lavar cuatro cacharros. Y peor fue durante los primeros de mis casi 50 años de matrimonio. Cada cual que se mire en el espejo, como yo mismo, y que vea el resultado. Si no se avergüenza, en la mayor parte de los casos, es que no tiene vergüenza.

En la política metropolitana he conocido alcaldes como el campeón de los pesos mosca-cojonera, José Manuel Barros, que se comía él solo una ternera y luego iba a la fiesta de los callos a hacer política de estómago. O el de Covelo, mi amigo Pepiño Costa, que empezó con la vara y el Movimiento al unísono y ni Dios le apea del cargo. O por volver a O Porriño, Ordóñez el nuevo, que no le llega a la suela del zapato a su padre, franquista pero hombre serio y riguroso.

O el del peluquín, que yo creí un día ejemplar, con la buena UCD, y menudo ejemplar trashumante nos ha salido, con ida y vuelta. Son mayoritariamente del PP, lo que no le hace el menor bien al partido del presidente de la Xunta: con la crisis se oye el aleteo de las carroñeras que quieren restos de político viejo. Lo de la alcaldesa de Mos es peor, con su sueldazo de bancario. Se puede ser joven, mona y tener tics franquistas incluso en Mos.

La alcaldesa tiene un sueldo que desprestigia a su partido

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