Pablo García parece haber sentado la cabeza en Curitiba tras un largo periplo profesional por A Coruña, A Rúa, Coimbra, Detroit, Suiza...
28 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Como un culo inquieto. Así lo definen quienes le conocen. Y razón no les falta. No en vano, Pablo García González lleva desde los 20 años -hoy precisamente cumple 35- yendo de un sitio a otro. Y todo por motivos profesionales.
No obstante, este vecino de Poio parece haber encontrado en la población brasileña de Curitiba el punto de inflexión donde sentar la cabeza... ¿Definitivamente? Eso solo el tiempo lo dirá.
Por lo pronto, en la capital del estado de Paraná conoció a su esposa, Eloá. «Una abogada brasileña», apunta vía correo electrónico, «que se prepara para ser jueza de trabajo». Esta circunstancia la obliga a presentarse a exámenes «por todo Brasil. Siempre que puedo, la acompaño».
Ambos viven en el centro de Curitiba, una localidad que con la implantación del clúster de la automoción ha visto como se incrementaba la población y se impulsaba la economía de la comarca. De hecho, está considerada como la ciudad con mayor número de centros comerciales e hipermercados de la región sur del país, pero, al mismo tiempo, es uno de los referentes a la hora de hablar de educación en Brasil.
Una de las referencias de Pablo García es un restaurante español situado a escasos metros de su domicilio. Tal vez influye el hecho de que el nombre del establecimiento, Gonzáles y García, prácticamente coincide con los apellidos de este licenciado en Químicas por la Universidade de Santiago.
Fue en cuarto de carrera cuando comenzó su peregrinaje profesional. Con tan solo 20 años se asentó en Sheffield (Inglaterra). Fue una experiencia dura al principio, ya que a los problemas habituales de no dominar completamente el inglés se sumó la gastronomía o la personalidad de sus vecinos.
El portugués, fundamental
En todo caso, al final, el balance fue positivo y, tras un año, decidió repetir la experiencia en Coimbra: «Cambiaría mi vida. Sí, aprender portugués, algo tan simple para un gallego de Poio, fue fundamental en mi carrera profesional y personal».
Así, ya licenciado, fichó por el Grupo Copo, empresa gallega vinculada con la automoción. La firma buscaba «un químico que hablase portugués» y lo encontró en Pablo García. Su primer destino, después del perceptivo período de formación en Vigo y Zaragoza, fue Curitiba, donde participó activamente en la puesta en marcha de una fábrica de asientos.
De Brasil saltó a Zaragoza y, posteriormente, a Barcelona. Tras dos años le surgió la posibilidad de cruzar de nuevo el charco. Destino: Detroit, la meca del automóvil. Allí no solo perfeccionó definitivamente el inglés, sino que, además, «aprendí una cultura laboral muy diferente a la española».
Y de Detroit a... A Rúa de Valdeorras. Por aquel entonces una multinacional suiza, Rieter Saifa, se fijó en Pablo García y le contrató para ser el director de la fábrica ourensana. «Fue un tema bastante polémico», rememora echando la vista atrás y recordando las páginas de los periódicos.
Tres años más tarde, en torno al 2008, el pontevedrés dio un nuevo giro a su vida yéndose a vivir a Suiza, «donde asumí un puesto de responsabilidad en la central [de Rieter Saifa], viajando cada semana a Polonia, República Checa y Alemania».
Fábrica de armas
Pero la tierra le tiraba. Y del país helvético, de nuevo, regresó a Galicia para hacerse cargo en A Coruña, ya entrado el 2009, de la dirección de operaciones de... la fábrica de armas Santa Bárbara. Duró poco, porque «lo de las armas no era lo mío».
De este modo, regresó a la automoción. «De la mano de una empresa austríaca asumí la dirección de una planta en Ourense y la dirección de producción a nivel mundial de la empresa? Y todo esto para llegar nuevamente a Curitiba. Al inicio de mi historia».
Esta firma -casualidades de la vida «tiene una fabrica justo enfrente a la de Copo»- no fue, ni mucho menos, su última aventura. «Hace poco he cambiado de empleo», escribe mientras aguarda un avión que le traslade a la población mexicana de Guajanato. A día de hoy, es director general de la multinacional norteamericana PTI QCS.