Abrir Vigo al Mar, qué ironía

ANTÓN LOIS AMIGOS DA TERRA

FIRMAS

Vendemos la imagen de nuestra ría como un paraíso y la destrozamos

28 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Las principales organizaciones ecologistas reivindican hoy en docenas de pueblos y ciudades la conservación de su litoral frente a la temida nueva ley de costas, para celebrar la jornada estatal en defensa de nuestras costas. Y en Vigo no somos, ni queremos ser, ajenos a esta destrucción.

El puerto de Vigo es un buen ejemplo de esta política poco sensata, de invasión y lucha contra el mar. Los datos de los informes Destrucción a toda costa, son elocuentes. En la actualidad, nuestro puerto se extiende por cinco concellos de la Ría y sus infraestructuras cubren una superficie que supera los 2.575.700 metros cuadrados. Muchas de ellas, las realizadas desde 1993, con un discutible soporte legal al carecer del obligatorio plan de utilización de espacios portuarios. Esta ocupación, de más de 20 kilómetros urbanizados, se lleva por delante nuestro entorno y principal fuente de riqueza.

Suele suceder que la conservación del medio ambiente se considera una excentricidad. Prescindible ante el argumento demoledor del desarrollo económico y los puestos de trabajo. Un punto de vista importante, pero utilizado con maliciosa doble moral. Por ejemplo, por cada puesto de trabajo que generan las infraestructuras portuarias se pierden tres empleos de la pesca y el marisqueo. ¿En qué quedamos, entonces? ¿No son los puestos de trabajo lo importante?

La ría de Bouzas contaba con el mayor banco marisquero. En 1967 se llegaron a extirpar 940 toneladas de almeja, sin embargo, en el 2011 apenas se extrajeron 300 kilos. Algo similar ocurrió con el banco marisqueo de Punta Lagoa, en Teis.

En este catálogo de atrocidades ambientales que históricamente ha acometido el puerto de Vigo, no faltan situaciones esperpénticas. Pérdidas de expedientes oficiales, contrarios al puerto deportivo proyectado en Cangas, o, que misteriosamente, se muevan 700 metros ría abajo los límites de Red Natura en la Ensenada de San Simón, para poder autorizar un relleno de 7.000 metros.

El turismo, nuestra mayor industria global, vive de nuestro entorno. Pero nadie viene a las Rías Baixas solamente por comer marisco y beber Albariño (las nécoras llegan vivas a Madrid y el vino se encuentra allí a mejor precio que en Cambados en verano). Es nuestro paisaje lo que invita a visitarnos. Vendemos la imagen de nuestra Ría como un paraíso. Pero, si esas infraestructuras alteran la dinámica litoral y nos quedamos sin playas, encontramos la paradoja de un sector turístico sin soporte (y no se nos ocurre mejor idea que intentar crear playas artificiales). Nuestra mayor ventaja turística comparativa, la que nos diferencia del ya destrozado litoral mediterráneo, es la que destruimos y contaminamos sistemáticamente. ¿Acaso los puestos de trabajo del sector pesquero tradicional, marisquero y turístico son prescindibles?.

Pocas esperanzas para nuestro entorno encontramos en la nueva ley de costas que contempla rebajar en las rías el dominio público de cien, a tan solo 20 metros; y en un plan de delimitación de espacios y usos portuarios del puerto de Vigo que alienta más rellenos, más infraestructuras, más puertos deportivos? y menos controles ambientales.