Tres horas a solas con el eco

NÉSTOR VILLAMOR VIGO / LA VOZ

FIRMAS

Además de estar vacío, alguno de los cubos interactivos del Verbum no funccionan.
Además de estar vacío, alguno de los cubos interactivos del Verbum no funccionan. óscar vázquez< / span>

En toda una tarde, el Verbum solo recibe diez visitantes. La reducción del horario decretada por el Concello no consigue despertar el interés

26 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

«Aforo: 320 persoas»: Este cartel informativo es lo primero que uno se encuentra al entrar a la primera planta del Verbum. Pero el martes por la tarde recibió un total de diez, contando al que escribe.

-La gente suele venir más por la mañana, ¿no?

-No, por la mañana no abrimos, excepto sábados, domingos y festivos -dice la recepcionista.

Desde este mes, el Concello ha reducido el horario del museo de Samil. Ahora solo abre de 17 a 20 horas. Y aun así, sigue vacío, a pesar de que los vigueses entran gratis. El resto pagan tres euros, salvo excepciones, que abonan un precio reducido de un euro.

Este museo, que recibe un presupuesto aproximado de un millón de euros anuales, es el que menos visitantes tiene. En su año de apertura, 2003, fueron 63.000 los que acudieron a visitar el Verbum, cifra que descendió a 12.000 al año siguiente. Pero si se multiplican los diez del martes por 365 días que tiene un año, no sería descabellado decir que el Verbum cerrará 2012 con cerca de 3.650.

La primera hora y media, el museo era un cementerio: silencio sepulcral, ni un solo visitante. Y al ver, en uno de esos cubos interactivos, unas lápidas en memoria de las lenguas muertas, uno podría preguntarse si dentro de poco no se verá una que rece: «Verbum: Nacido en el 2003 - Fallecido en el 2012».

Desde luego, al museo se lo ve un poco aquejado de salud. Algunos de los cubículos ni siquiera funcionan y, aunque no muchos tendrán interés en saber cuáles son los ruidos característicos de China, los que tienen interés se quedan con la duda.

Además, ni un solo vigilante de seguridad impide que alguien robe una copia de La Divina Comedia de Dante o que se salte las cuerdas de seguridad que impiden el paso a la única papelera existente en el museo.

Tras los noventa minutos de silencio, roto únicamente por los sonidos procedentes de los cubos interactivos que sí funcionan, la cosa se empezó a animar un poco. Dos visitantes entraron, hicieron unas cuantas fotos y, a los diez minutos no aguantaron más: «Vámonos de aquí», decía la mujer. Bastante duraron. Ya vendrán más. Pero no muchos más, desde luego, y, a excepción de una niña pequeña y una señora que se quedó maravillada con la belleza de los cuadros con bordados del abecedario, no parecían demasiado animados.

Otra curiosidad del Verbum es el mensaje subliminal que intercalan, como quien no quiere la cosa, para captar la atención de los más pequeños. O planeta da igualdade es un juego en el que se hace hincapié en la importancia de no ser machista. Desde luego, la lucha contra la desigualdad es muy importante, sin embargo, relación con el lenguaje tiene poca.

Pero las excentricidades del museo no acaban ahí: otra de las curiosidades más llamativas, por decirlo de alguna forma, es que, en el cubo donde se muestra la evolución del lenguaje humano, al australopiteco le ponen un sonido selvático para darle realismo. Pero ¿por qué no incluyen modernos ruidos de ciudad cuando habla un japonés? Así, al menos, se podría oír algo más que el eco.